Hay verdades que el corazón villaclareño lleva grabadas a fuego. Una de ellas, quizás la más profunda, es que la soberanía no se defiende solo en las fronteras físicas, sino principalmente en la manera en que nos miramos unos a otros, en la forma en que nos tratamos como hermanos, en la unidad inquebrantable que somos capaces de sostener cuando el viento sopla en contra.