Con justificada ansiedad se espera, desde hace tiempo, la discusión y aprobación en un próximo período de sesiones de nuestro Parlamento de la esperada Ley sobre la tierra, y aunque la vida prueba de manera implacable que no son las leyes las que resuelven por sí solas los problemas, si algo resulta imprescindible es una legislación coherente, moderna y flexible en esta materia.