Según un estudio científico, beber vino con moderación libera endorfinas en dos áreas del cerebro por lo que aumenta la sensación de placer. A propósito, abrió sus puertas recientemente en la capital villaclareña, frente al Parque El Carmen, la Casa de Vinos Bajo la Ceiba, donde «el vino no se bebe, se vive».