Mientras en el resto de Cuba la huelga general revolucionaria se desvanecía entre la descoordinación y la represión, esta ciudad del centro de la isla se levantó, tomó las armas y mantuvo el control durante 24 horas, escribiendo una de las páginas más épicas de la Revolución Cubana. Su sacrificio, aunque no logró el triunfo inmediato, se convirtió en un catalizador que aceleró la caída de la dictadura de Fulgencio Batista y cambió para siempre la memoria de esta Villa del Undoso.
La convocatoria a la huelga general fue un intento desesperado y audaz. Desde la Sierra Maestra, la Radio Rebelde había transmitido un llamado del Comandante Fidel Castro al pueblo, dando órdenes a los nuevos frentes guerrilleros para desplegar acciones de apoyo. La idea era paralizar el país y provocar un levantamiento popular masivo que asestara el golpe definitivo a la tiranía batistiana, una idea a la que la jefatura del Ejército Rebelde se oponía por considerarla una acción precipitada sin el respaldo armado suficiente en las ciudades.
Sin embargo, la orden se dio y el 9 de abril amaneció con el país en vilo. Mientras en La Habana se asaltaban emisoras de radio y se realizaban sabotajes eléctricos, y en Matanzas se descarrilaban trenes, un puñado de jóvenes sagüeros, armados solo con cuchillos, revólveres y escopetas, salió a las calles a las 11:00 a.m.
La epopeya se desató vertiginosamente. Los jóvenes insurrectos, miembros del Movimiento 26 de Julio, se lanzaron a paralizar la ciudad. Incendiaron un aserrío, cerraron comercios, paralizaron una fundición y, en un acto de enorme valentía, tomaron la estación de ferrocarril. Fue allí, en el combate contra los esbirros de la tiranía, donde cayeron abatidos los primeros cuatro revolucionarios, cuyos nombres son hoy leyenda: Antonio Chávez, Antonio Finalet, Filiberto González y Fidel Arredondo. Sagua la Grande había detenido su vida cotidiana y se había convertido en un bastión de rebeldía.
La euforia inicial y el control de la ciudad, sin embargo, dieron paso a la cruda realidad militar. Los rebeldes comprendieron que era necesario replegarse ante el inminente contraataque de unas fuerzas de la tiranía con un equipamiento militar muy superior y reforzadas desde los territorios cercanos. Tomaron entonces la difícil decisión de retirarse hacia Monte Lucas, un paraje cercano a la urbe, con la esperanza de reagruparse.
Fue allí donde la jornada de heroísmo se tiñó de tragedia. Al enterarse de que la aviación del régimen iba a bombardear la ciudad para sofocar la insurrección, los rebeldes se habían retirado para salvar a la población civil, un acto de humanismo que sería pagado con sangre. En los alrededores de Monte Lucas, los jóvenes fueron perseguidos, bombardeados desde el aire y vilmente masacrados por la tiranía. La cifra final de víctimas mortales en Sagua se elevó a 17, incluyendo un combatiente que nunca pudo ser identificado y que la memoria colectiva conoce como «El Desconocido».
En el ámbito nacional, la huelga del 9 de abril fue un fracaso. La descoordinación impidió que el paro fuera unánime y la movilización perdió fuerza al mediodía del día 10. Sin embargo, para el pueblo de Sagua la Grande, aquel 9 de abril fue algo muy distinto a una derrota. Fue una gesta que demostró, de manera palpable, el arraigo popular de la Revolución y el espíritu de lucha existente entonces para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. La propia historia reconoce la huelga de Sagua la Grande como una de las acciones más sobresalientes de las libradas aquel día en todo el archipiélago cubano.
El sacrificio de aquellos jóvenes no fue en vano. El fracaso táctico de la huelga se convirtió en una lección estratégica que aceleró la unidad revolucionaria. Tras este revés, se realizó la crucial reunión de Altos de Mompié en la Sierra Maestra, donde se acordó nuclear en la figura de Fidel Castro la máxima dirección de la lucha, tanto en las ciudades como en la montaña. La adversidad sirvió de acicate para unir más a los cubanos en torno al Comandante en Jefe, quien tuvo la capacidad de transformar el revés en victoria.
Hoy, más de seis décadas después, la trascendencia de aquella jornada sigue más viva que nunca en Sagua la Grande. Cada 9 de abril, el pueblo de la Villa del Undoso se reúne para recordar a sus mártires. Frente al monumento en la estación de ferrocarril, el lugar donde cayó el primer combatiente, y en Monte Lucas, se suceden los actos de tributo, los asaltos simbólicos de los pioneros y las ofrendas florales en el cementerio local. Como sentenció el líder histórico de la Revolución, «no hay ningún tipo de duda: la ciudad de Sagua la Grande escribió una página imborrable de heroísmo en la historia de nuestra Revolución».
