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Villa Clara

El café también reclama una mirada integral

Está en riesgo la tradición de brindar al visitante una tasa de café. Y no lo digo por la desaparición del Hola —que en realidad ahuyenta por su deficiente calidad—, sino porque los precios del que se vende en la calle, nacional o importado, son impagables para las mayorías. 

No voy a escribir sobre la cosecha como tal, aunque esté en su apogeo, porque hace un buen tiempo que no recorro las montañas. Aunque quisiera ser el único, que hablando en el argot de los cubanos, le ha quitado el pie al café. Pienso por ejemplo que a todos los renglones exportadores se les debiera aplicar un esquema similar al del tabaco para poder multiplicar la producción. Y sin divisas, la economía se estanca o retrocede. 

La producción de café comenzó a decrecer a mediados de los años 90 del siglo pasado y no se ha logrado detener esa tendencia negativa. 

Conocemos que la actual cosecha cafetalera será pobre en todo el país, la provincia de Guantánamo fue muy afectada por el huracán Oscar, y en las montañas de Villa Clara el grano tiene más futuro que presente.  

Digamos que lo hecho en materia de tecnificación de las plantaciones sobre todo en UBPC “La Herradura”, gracias a su colectivo encabezado por el incansable administrador Modesto Robaina, y en las fincas de algunos productores constituye algo así como una pequeña linterna que alumbra el camino. 

El café como cualquier otro cultivo reclama una mirada integral y sin insumos y con la fuerza de trabajo deficitaria es difícil incrementar las áreas y multiplicar los granos en las matas. Pero mucho más se puede hacer, incluso en materia de decisiones. Si hoy se paga a 274 pesos la lata de café “robusta” y a poco más de 300 las variedades arábicas, cualquier productor pone el grito en el cielo cuando alguien le solicita el pago de 250 pesos por lata solo por recogerla. Nadie podría calcular la enorme ayuda aportada por nuestros “camilitos” y otros estudiantes que han cooperado en la recolección del grano en Villa Clara. 

Pero volviendo al tema, como cualquier lata de café da al menos 5 libras limpias y en la calle se vende a 600 pesos y más, eso significa que el desvío y venta a 3 mil pesos la lata se encarga de arreglar las cuentas.

No descubro el agua tibia, con el café ocurre igual que con la leche, solo que esta tiene un destino sagrado y al café le llaman muchos, vicio o adicción todavía. Solo que cuando la economía habla, no nos queda otra opción que atender los razonamientos confirmados por los números, que nunca mienten. Si no le hacemos caso, más temprano que tarde nos pasará la cuenta.

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