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Combatientes cubanos en Cuito Cuanavale, Angola, marzo de 1988. Foto: Archivo

Zapadores, tan sólo un instante bajo sus pies (+Audio)

Mailé Hernández Grave de Peralta

Viernes, 16 Enero 2026 17:17

Existen hombres que no deben ser olvidados, que trascienden por sus hazañas. Y no por estrategias o batallas narradas en libros de texto. Gigantes que emergieron de la tierra. De una tierra que escondía muerte.

Miles de cubanos sirvieron en Angola entre 1975 y 1991. En una misión internacionalista que se convirtió en la más larga que enfrentó el apartheid sudafricano y decidió la independencia del hermano pueblo. Sin embargo, antes de la política, y antes de la historia, estaba el terreno.  Abel González Díaz y Fidel Ríos Fernández son dos de aquellos combatientes que buscaron lo invisible, con una única recompensa:  seguir vivos un día más.

Con solo 18 años Abel González Díaz llegó en 1981 al regimiento Kwando Kubango. Lo golpeó la pobreza de los kimbos, la insalubridad y la injusticia que gritaba ante sus ojos. El recibimiento fue de fuego.

No era zapador, se había graduado como obrero calificado, y asumió la búsqueda de las minas para proteger  la vida  de sus compañeros antes de salir al combate.

A pesar de las duras circunstancias vividas, la solidaridad entre compañeros de lucha prevaleció en todo momento.

Pero la historia de Abel es una que muestra el sacrificio físico y brutal de una contienda bélica. Un día que parecía normal su rutina mortal se quebró.

Fidel Ríos Fernández también recuerda sus días en Angola. Su historia es la de una resistencia prolongada con indicaciones claras, encontrar y volar minas.

Con 30 años abrió camino, miró la tierra durante 26 meses alerta para buscar irregularidades, se jugó la vida a cada centímetro. Este valeroso combatiente villaclareño reconoce la importancia de esta epopeya que no olvida.

Dos hombres. Dos destinos entrelazados por una misión imposible. Abel González y Fidel Ríos, mostraron los nervios y el coraje que hicieron posible que la estrategia se moviera. Fueron los ojos que miraban al suelo para que otros pudieran vislumbrar el horizonte. Para ellos la guerra es un flagelo inhumano que no debiera existir.

Esta es la historia de dos zapadores en Angola y de los hombres internacionalistas que arriesgaron todo por otros pueblos sabiendo que podía ser un sólo instante.