Muchas imágenes regresan a nuestros días la presencia de Vilma Espín Guillois: Vilma niña con sus padres, Vilma en la Universidad de Oriente, donde se hizo ingeniera química, Vilma, hermosa como siempre, vestida de bailarina angelical.
Ella, que era toda ternura, enfrentando cara a cara a un guardia del Ejército batistiano en una manifestación. Vilma con una boina y una sonrisa mágica, vestida de verde olivo en la Sierra Maestra. Con una flor en el pelo y su mano colocada sobre los hombros de otra grande, Celia Sánchez.

Vilma, al lado de Fidel y de Raúl, siempre; en Congresos de la Federación de Mujeres Cubanas, con sus hijos en brazos, en un campo de caña, abrazando niños en un Círculo infantil, conversando con mujeres en comunidades lejanas, preocupándose por cada problema de cualquier cubana y cubano.
Como luchadora clandestina en su rebelde Santiago tuvo nombres inolvidables. Fue Alicia, Mónica, Mariela, Deborah; integró el II Frente Oriental “Frank País” en la Sierra Maestra, y después del triunfo fundó la Federación de Mujeres Cubanas y protagonizó la otra revolución, las de las mujeres.
Teresa Amarelle Boué, secretaria general de la FMC recuerda cómo nació la idea de crear una organización femenina, cuando Vilma asumió la solicitud de las mujeres de integrarse para ser protagonistas del proyecto social que irradiaba en la isla.

Entonces empezaron las nuevas luchas de Vilma: las de la emancipación, la igualdad, el respeto a las diferencias, la defensa de los derechos de todas y todos, de los más desvalidos, de los que no tenían voz. La felicidad de las personas. El amor.
Muchas mujeres que la conocieron, y compartieron junto a ella su insomnio por una Cuba mejor, la llevan en sus recuerdos y corazones, tal y como testimoniaron en innumerables ocasiones su amiga entrañable y combatiente Asela de los Santos (ya fallecida), así como Yolanda Ferrer, quien dirigiera junto a ella la FMC, y las villaclareñas Iris Menéndez y Mayelín Díaz Rodríguez, también con responsabilidades en la organización, quienes siempre hablan de la impronta y las huellas de la eterna Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas.
En su aniversario 96, Vilma Espín, esta mujer en flor renace cuando hay tiempos duros, y cuando su imagen y su legado son imprescindibles para seguir en el camino del bien, de una sociedad mejor.
