Un día como hoy hace 19 años, Vilma Espín Guillois partía físicamente. Pero su espíritu, su legado y su ejemplo, se quedaron para siempre entre nosotros. Heroína de la República de Cuba, combatiente en la sierra y en el llano, presidenta eterna de la Federación de Mujeres Cubanas.
Se graduó como ingeniera química, siendo una de las dos primeras mujeres en lograrlo en Cuba. Sin embargo, su verdadera pasión fue la lucha por la justicia. Se convirtió en inseparable colaboradora de Frank País y, bajo sus órdenes, participó en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956. Fue la enlace de Fidel Castro en la clandestinidad, la que organizó redes de abastecimiento a los frentes guerrilleros.
Pero su legado más visible, el que toca la vida de cada cubana y cubano, es la fundación, el 23 de agosto de 1960, de la Federación de Mujeres Cubanas. Desde ahí, lideró la batalla por la emancipación de las féminas. Luchó para que la mujer dejara de ser un sujeto de apoyo para convertirse en protagonista central de la sociedad. Gracias a su empeño, se abrieron las puertas del trabajo, la educación y la cultura, y se crearon los círculos infantiles que tanto apoyan a las familias cubanas.
Vilma ante todo, fue una mujer de una dulzura y sencillez extraordinarias, que combinaba con una firmeza y una valentía a toda prueba. Por eso, hoy, al recordar su partida, no lo hacemos con pesar, sino con la certeza de que su obra perdura. La heroína descansa en el Mausoleo del Segundo Frente Oriental Frank País, en su Santiago de Cuba, pero su ejemplo sigue vivo en cada mujer que estudia, que trabaja, que lucha por sus sueños.
Vilma nos enseñó que el amor por la patria y la entrega a los demás son el camino más hermoso. Y nos dejó una frase imborrable: «La mujer cubana es una Revolución dentro de la Revolución».
