Yolanda Cárdenas Mallea, psicopedagoga de la clínica, declaró a la ACN que la escuela resulta uno de los contextos vitales para el desarrollo psico-social de la personalidad; el mal funcionamiento de las dinámicas en el aula o las prácticas pedagógicas erráticas también provoquen alteraciones conductuales en edades tempranas.
«De ahí que la integración con Educación y el entorno hogareño sea pilar de nuestro quehacer cotidiano con estos pacientes todavía en edad pediátrica», aseguró.
También explicó que una de las metas del centro es ser puente mediador entre la salud mental de los alumnos y la atención pedagógica, y siempre se parte de diagnóstico psicopedagógico para detectar las necesidades y la potencialidad de cada uno de los adolescentes.
El primer contacto con la escuela, dijo, generalmente se realiza a través del psicopedagogo del centro educativo o, en su defecto, de los guías o especialistas de años que colaboran en la caracterización escolar continua. Como parte de los tratamientos y dinámicas adoptadas, la clínica ha llegado a recomendar cambios de grupo, de escuela o incluso cambios de dependencia cuando el contexto escolar resulta perjudicial para el paciente, constató.
Cuando un adolescente funciona bien en la escuela, pero tiene problemas en la casa, el aula se convierte en un recurso protector; en esos casos, evidentemente, el claustro y los compañeros de clase devienen mecanismos de apoyo imprescindibles para fortalecer ese contexto de seguridad emocional, señaló Marisley Díaz Pérez, psiquiatra infantil y jefa del servicio.
Las psicopedagogas, aseguró, realizan también labor social en las dependencias de Educación, para orientar a los docentes en la elaboración de estrategias pedagógicas adaptadas a las necesidades concretas de cada muchacho; y así también aprovechan para organizar talleres de orientación vocacional.
De forma general, la integración de los contextos familiar, escolar y clínico resulta una estrategia reconocida en la atención a la salud mental infanto-juvenil, práctica en la cual Villa Clara tiene ya más de cuatro décadas de experiencia exitosa que la convierte en un modelo de trabajo intersectorial a nivel de país.
