Laura es una mujer con una convicción envidiable por salvar vidas desde su graduación en el año 2012. Hoy forma parte de la Brigada Médica Cubana en México, pero ha dejado huellas también en Venezuela y Guatemala.
CMHW se acerca a la joven, que desde el Estado de México, en una pequeña comunidad al sur del municipio Tlatlaya, sitúa a Villa Clara en el mapa del internacionalismo cubano.
— ¿Siente que la preparación que recibió en las aulas y hospitales cubanos durante su formación estaba de alguna manera enfocada también en prepararlos para este tipo de misiones internacionalistas?
«Yo creo que sí, que la formación que recibimos durante toda la carrera y después durante la especialidad de Medicina General Integral, nos forma no solo para trabajar en Cuba, sino para trabajar en cualquier lugar. Primero porque te forma como buena persona, porque para ser buen médico hay que ser en principio, buena persona. La profesionalidad con que los profesores te transmiten el conocimiento, la dedicación a sus pacientes, a la docencia, a que uno aprenda, a que salgamos con la formación lo más completa posible, permite a los egresados enfrentarse a disímiles dinámicas y salir airosos».
— Usted se graduó en el año 2012, trabajó muy poco tiempo en Cuba y luego decidió compartir sus conocimientos por el mundo. Durante sus múltiples misiones, seguro ha visto de todo, desde pobreza extrema hasta tecnología más avanzada que la de nuestro país. De todas esas experiencias, ¿hay un paciente, un lugar o una historia en particular que se le haya quedado grabada en el corazón o que siempre le recuerde por qué Laura estudió Medicina?
«Las experiencias son muchas. Son muchos pacientes, culturas diferentes y formas en las que tú tienes que tratar de llegarles a ellos. Pero sí hay una que me marcó, que no es quizás la que describan todos los médicos, de un parto, de una condición difícil.
«Una niña de unos 16 años llegó a la consulta con un cuadro clásico de apendicitis. Yo hice, por supuesto, lo que me tocaba, referirla. Su cirugía fue un éxito. Pero como a los dos días viene el papá y me dice: “doctora, yo vengo a agradecerle porque usted salvó la vida de mi hija”. Y yo no fui ni la cirujana que la operó, no tuve el gran protagonismo de haber intervenido a la muchacha, de haber resuelto el problema, pero sí lo había diagnosticado a tiempo, y eso había permitido, por supuesto, salvarla.
«Esta experiencia siempre me recuerda por qué valió la pena estudiar seis años de Medicina. Estar ahí en el momento en que esa familia necesitó de mis conocimientos para que esa niña saliera bien con su cirugía y pudiera seguir su vida, es un motivo de orgullo».
— Usted es mujer y doctora. Ha tenido que enfrentarse no solo a enfermedades, sino también a culturas donde el rol de la mujer es muy diferente al nuestro. Le pregunto entonces, ¿ha tenido que lidiar con algún desafío extra, ya sea con pacientes, con la logística o dentro del propio equipo médico que comparte muchas veces con profesionales de estos otros países?
«El hecho de ser mujer nunca ha sido algo menor. Dentro de las misiones internacionalistas cubanas, somos mayoría, los hombres nos ayudan bastante, nos defienden, se convierten en familia nuestra.
«Lo que sí choca muchísimo es la forma en que las mujeres son tratadas en esos lugares. La paciente llegaba y no podía firmar y yo le preguntaba: ¿cómo vas a leer el método para tomar tu medicamento? ¿Quién te va a ayudar? Y con una tranquilidad muy tremenda me decía: “pues, doctora, mi esposo sabe leer” y para ella, eso era suficiente. Y eso sí es muy diferente de la realidad que vivimos en Cuba».
— Usted es la madre de Diego, un niño de nueve años, bellísimo, que siempre se queda al cuidado de su abuela cuando usted no está. ¿Cómo se explica a un niño de nueve años que mamá tiene que irse a laborar a otras partes del mundo, lejos de él? ¿Qué siente Laura en el momento previo de cerrar la puerta de su casa y decir adiós?
«La primera vez que yo salí el niño tenía tres años, y si difícil es explicarle a uno de nueve, ¿cómo le explicas a un niño de tres años que su mamá no va a estar? Y en eso, ayudó mucho mi mamá. Ella es la responsable de que yo haya podido estar donde estuve, de lo contrario, no hubiera sido posible.
«Y entonces, con cuentos sobre que mamá va a cuidar a los niños, mamá va a cuidar a los abuelitos, él fue entendiendo y asimilando la realidad que le tocó. Ya con nueve años yo digo que es hasta un poco más fácil. También porque ha crecido un poco con eso de que, mamá no está, pero mamá está ayudando a otras personas que también lo necesitan, y lo cuidan igualmente los amigos de mi mamá y su círculo de apoyo».
— Bueno, ya usted mencionó que su mamá es el pilar fundamental que le permite salir de casa a salvar vidas. ¿Qué tan importante es la confianza de saber que su niño está en buenas manos?
«Sin mi mamá no hubiera sido posible que yo estuviera fuera de Cuba. Yo salí de Cuba en el 2019 para Guatemala y comenzó la COVID y estuve casi dos años sin poder entrar porque no había cómo. Y ella estuvo ahí, de pie, cuidándose ella, cuidando a mi hijo y cuidándome a mí.
— Bueno, doctora, y si Diego dentro de unos años le dijera que también quiere ser médico internacionalista, ¿qué le diría la doctora Laura, la mamá de Diego?
«Si Diego cuando sea grande quiere ser médico, significa que yo lo he hecho bien, que tiene un buen patrón a seguir y que le gustó. Lo apoyaría para que estudie Medicina y que sea internacionalista, porque vale la pena vivir la experiencia, vale la pena ver otras realidades, compartir lo que uno tiene con esas personas que quizás necesiten un trato más humano, una mano en el hombro que les dé alguna tranquilidad».
