
Creció escuchando historias de consultas y quirófanos, y viendo a su hermana mayor abrirse paso en la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas (UCM) de Villa Clara.
Formada en el rigor del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Che Guevara, su meta siempre fue clara: sumarse al equipo de galenos de la familia.
Pero a diferencia de su hermana, Samanta, hoy alumna del Colegio Universitario (CU) de la UCM, vive una experiencia pionera en la provincia, pues tiene la carrera preotorgada y se prepara, desde el duodécimo grado, para los desafíos de la medicina cubana. Su sueño, apenas comienza.

Una formación diferenciada para carreras priorizadas
En el panorama educativo del central territorio, el referido colegio emerge como una apuesta para fortalecer el ingreso a carreras priorizadas de la salud.
El curso de apertura 2025-2026, el proyecto acoge a 42 estudiantes con el objetivo de formarlos de manera diferenciada para carreras como Medicina, y las licenciaturas en Enfermería, e Higiene y Epidemiología, especialidades que en los últimos años no cumplieron sus planes de ingreso.
Coordinado por el doctor en Ciencias Pedagógicas y profesor titular Sandy Orlando Moré Mir, la experiencia comenzó a gestarse de marzo a abril de 2025.
«Los colegios universitarios tienen la misión de contribuir a la orientación y formación vocacional de los estudiantes hacia carreras priorizadas», explicó Moré Mir.
«Elegimos estas tres para captar a los alumnos desde el onceno grado y prepararlos mejor para su futura profesión».
La matrícula actual se distribuye en 37 educandos en la sede central de Santa Clara, todos provenientes de ese municipio, y cinco en la filial de Sagua la Grande, única extensión del proyecto por ahora, debido a que la existencia de una filial universitaria en ese territorio lo permite. La expansión a otros está actualmente en análisis.
El plan de estudios del CU se divide en dos etapas. La primera, de septiembre a marzo, cubre el currículo de duodécimo grado, pero con un valor añadido: los cursos complementarios.
A diferencia del preuniversitario tradicional, en el cual esos espacios se usan para preparar exámenes de ingreso, se diseñan para introducir a los estudiantes en las especialidades de la salud.
Se imparten cursos de introducción a la Medicina, la Enfermería y la Higiene y Epidemiología, además de un curso integral de formación vocacional que fomenta la investigación.
Gracias a ese procedimiento, los alumnos ya cuentan con código ORCID, perfiles en Google Académico y artículos listos para publicar en la revista Escalpelo.
La segunda etapa, o propedéutica, iniciará el 20 de abril con cursos intensivos específicos para cada carrera.

Innovación docente y adaptación ante la contingencia
El claustro del colegio, aunque aún sin una plantilla propia aprobada (el proceso está en marcha ante el Ministerio de Salud Pública), está compuesto por 14 profesores de diversas facultades y de la enseñanza preuniversitaria.
Entre ellos destaca el máster José Luis Matos, docente de Bioestadística e Informática en la UCM, quien imparte Informática en el CU con un enfoque novedoso.
«Vinculo la enseñanza de la materia con el perfil de las Ciencias Médicas para que los alumnos lleguen al primer año con mayor conocimiento aplicable», afirmó mientras ultima los detalles de las evaluaciones finales de sus pupilos.
Esa labor docente se desarrolla en un contexto complejo. Ante la emergencia energética y el déficit de combustible del país, el proceso docente-educativo se ha reorganizado.
Los estudiantes del CU se han reinsertado en sus preuniversitarios de origen y, en Santa Clara, utilizan los locales de la biblioteca provincial Martí, ubicada en el parque Vidal, para garantizar la continuidad del curso.
«Fue un trabajo de persuasión con los estudiantes y los padres, pero ya están adaptados y se distinguen en sus nuevos grupos», comenta el coordinador Moré Mir.
«Los profesores de los preuniversitarios los han acogido muy bien; ellos –agregó-- ayudan en la profundización de contenidos de Biología o Química».
Samanta Tania, quien valora «el rigor de los profesores en la formación», lamenta, no obstante, las dificultades logísticas.
«Sentimos mucho que el colegio haya dejado de funcionar temporalmente en la sede de la universidad como consecuencia del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba, que genera tantas carencias, incluido el déficit de combustible que estamos viviendo», expresa con la madurez de quien sabe que el contexto forma parte de la formación. A pesar de ello, su entusiasmo y el de sus compañeros se mantiene.
Lizzaily Zamora Cañizares, otra de las estudiantes que aspira a Medicina, coincide en que lo que más disfruta del colegio es precisamente ese acercamiento a la carrera que no tendrían en un preuniversitario común.
El sueño continúa
Para Samanta, el camino ya está trazado, pero no por ello resulta menos desafiante. Al finalizar el duodécimo grado en marzo, y tras superar el curso propedéutico en abril, su pase a la facultad de Medicina estará asegurado, sin necesidad de los exámenes de ingreso tradicionales.
Su historia, la de una familia unida por la Medicina y dos banderas, constituye solo una muestra del entusiasmo que genera ese primer curso del Colegio Universitario.
Mientras el doctor Sandy Orlando Moré Mir reconoce el apoyo fundamental del Colegio Preparatorio de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, cuya asesoría fue clave en estos inicios; Samanta se prepara para el siguiente paso.
Con el rigor del Che en la mochila, y el ejemplo de su padre y su hermana en el corazón, sus sueños empiezan a despegar en las aulas de la villaclareña UCM y a escribir así las primeras páginas de una historia que promete muchos capítulos más en la formación médica del centro de Cuba.
