No voy a hacer la historia del campesino cubano, solo decir que antes de aquel 17 de mayo en que Fidel en acto de justicia con la historia, firmó en plena Sierra Maestra la Ley de Reforma Agraria, el 87 por ciento de la tierra estaba en manos de los grandes latifundistas.
Hoy, 65 años después, la ecuación ha cambiado, lo que nos sobra es tierra, o para decirlo con palabras exactas, nos faltan brazos dispuestos a hacerla producir. Y por supuesto nos falta comida.
Resulta inobjetable que si revendiendo se puede ganar más sin riesgo alguno, disminuye la motivación a dedicarse a un oficio tan duro, cuyos frutos dependen de insumos y hasta de como venga el clima.
Y hoy las calles de Cuba se han convertido en una venduta permanente donde se vende todo, y no solo productos agrícolas.
Cuando hay tantas personas viviendo de lo que otros sudan crece la admiración hacia los que le sacan los frutos a la tierra, porque al decir de Martí «la agricultura es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riquezas».

Lo cierto es que los campesinos merecen un monumento nacional, y no porque sea la fecha de cumpleaños, sino porque siempre han estado junto al resto del pueblo, hombro con hombro, y en tiempos complejos como los que vivimos, no imagino un quintal de viandas en el mercado si prescindiéramos de su aporte. Algunas estadísticas de las cuáles no dudo, sitúan por encima del 90 por ciento del total el aporte hoy del sector campesino.
Sin embargo, han tenido primacía las empresas estatales en el por ciento de insumos recibidos para ver después sus pequeñas papas que avergüenzan a la red de mercados. El Estado, al menos en la Agricultura, no está para producir en mi opinión, sino para organizar los procesos, estimular al que produce, asegurar que le lleguen los insumos necesarios y asesorarlo y protegerlo en materia genética y de introducción y generalización de nuevos clones o variedades y otros adelantos científicos.
Quisiera ver quién se puede comer lo que serían capaces de producir 40 mil campesinos en Villa Clara con cinco caballerías de tierras, riego, maquinaria e insumos garantizados.
En la fecha de cumpleaños se ha hecho tradicional felicitar a todos aunque no cumpla la tarea que le toca, algunos incluso con el agua al cuello, pero si alguien merece no solo una felicitación sino el agradecimiento del pueblo, son nuestros aguerridos campesinos.
