Sin embargo, al evaluar este momento calificado de urgencia e incertidumbre, al tiempo de transmitir seguridad y confianza, aseguró que hay una oportunidad histórica, un crisol que puede forjar un modelo energético más soberano, sostenible y justo, con el uso de las diferentes fuentes de energía renovable.
Nuestro país, honrado por el sol y el viento, tiene en ello no solo una alternativa, sino una importante ventaja estratégica. Cada megavatio solar o eólico generado significa un paso hacia la independencia, un muro contra la volatilidad de los mercados fósiles.
Súmese a esta convocatoria otro importante pilar, ahorro y eficiencia, difíciles de alcanzar en tiempos como los actuales, pero no imposible. Con producir y ahorrar no basta.
El mandatario dejó claro que superar esta crisis exige valentía para mirar más allá del corto plazo, pues no se trata solo de encender la luz, sino de cambiar la bombilla. Es el momento de invertir, innovar y repensar nuestro ajuste con la energía.
El futuro no se enciende con un interruptor, se construye con decisión, esa que caracteriza al pueblo cubano.
Eso significa combinar urgencia y esperanza, y lejos del caos, la población responde con adaptación, humor y solidaridad, rasgos que sostienen la vida en medio de una fuerte crisis energética.
Pese a todo, la vida continúa, frase en la que se resume el espíritu de un pueblo acostumbrado a convivir con sanciones, tensiones geopolíticas y carencias de todo tipo.
La actual crisis no paraliza, redefine nuestra rutina, funcionando bajo una lógica, donde resistir no es un acto heroico, sino una práctica cotidiana.
