La movilización anual, convocada por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y respaldada por millones de ciudadanos de este país, exigió el fin de la guerra genocida en el orbe que provoca la muerte de miles de personas y el cese del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos hace más de seis décadas, hoy recrudecido.
Una política hostil, que la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) ha condenado en 31 ocasiones consecutivas, y que genera daños cuantificables.
Según informes oficiales, entre marzo de 2022 y febrero de 2023, el cerco imperial generó pérdidas superiores a los 4 mil millones de dólares. Limita la entrada de combustible, frena el desarrollo económico, detiene la producción de medicinas y alimentos, y encarece la vida del cubano de a pie, además de frenar el avance de la ciencia y la tecnología.
Sin embargo, los cubanos, curtidos por décadas de hostilidad, no se definen por las carencias y edifican cada día desde la dignidad.
El Primero de Mayo es una fiesta de pueblo, se desfila con la bandera en alto, sin odios, y con un mensaje claro para el mundo. Este país defiende su soberanía sin agredir a otros pueblos, al tiempo que rechaza la amenaza imperial como un acto de injusticia violatorio del Derecho Internacional.
Pero en ese momento de encontrarse y compartir, la gente se abraza, se reconoce en esa fuerza como forma de resistencia.
José Martí lo enseñó en Nuestra América, aquel ensayo fundacional de 1891: "Patria es humanidad". Una frase, que convierte la causa cubana en pedido universal, y que estuvo presente hoy en cada plaza del país.
Fidel Castro lo ratificó en la Tribuna Abierta del 25 de mayo de 2002 en Sancti Spíritus: «Nuestra lucha no es ni será jamás contra el pueblo de Estados Unidos».
El pueblo cubano, sabe distinguir entre el gobierno avasallador del norte y su senado, de la gente común. Lamenta la pérdida de ciudadanos estadounidenses a manos del ICE, los encarcelados en prisiones injustas por sólo decidir vivir en la Gran Manzana y agradece la petición que se alza en lugares insospechados: "Let Cuba Live".
En esos intentos ambos pueblos brindan una lección de madurez política, tras elegir una conducta, que reemplaza cualquier rencor por el reconocimiento mutuo, principio que la prensa internacional suele ignorar.
Nuestro Comandante advirtió el 3 de agosto de 2007, en una de sus Reflexiones que únicamente «la conciencia podía prevalecer sobre los instintos que nos rigen». El ideal de paz y justicia permitio a la llave del Golfo continuar sin rencor e impulsó la solidaridad como método cotidiano.
De ahí que más de 400 mil colaboradores cubanos de la salud han servido en 164 naciones desde 1963. El líder histórico de la Revolución elevó el ejemplo de las batas blancas y sentenció que «el bloqueo criminal que nos prometen endurecer multiplica el honor y la gloria de nuestro pueblo, contra el cual se estrellarán sus planes genocidas». Esa colaboración, fruto de la conciencia revolucionaria, constituye la superioridad ética de Cuba frente a quienes apuestan por la asfixia.
Entonces, sobran las razones para celebrar este Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. La nación cubana desfiló para ejercer derechos reconocidos en la Carta de la ONU, para honrar a Martí y a Fidel desde la calle, que es testigo de los avatares cotidianos y del esfuerzo de tanta gente linda y guerrera. Se desfiló para reclamar el derecho a la autodeterminación, y para que el mundo sepa que un pueblo pequeño, unido, bloqueado y digno puede dar lecciones de humanidad.
Desde la plaza Comandante Ernesto Guevara en Villa Clara y en cada rincón de la geografía cubana, se alzó el amor que derrota al egoísmo, y la seguridad de que un pueblo que no se rinde es, hoy y siempre, la única respuesta que necesita la esperanza.
