CMHW
Ramiro Valdés, el recuerdo imborrable 
Fotos del autor y cortesía de la entrevistada.

Ramiro Valdés, el recuerdo imborrable (+Fotos)

Oscar Salabarría Martínez

Martes, 23 Junio 2026 09:23

Hay encuentros que se vuelven eternos. María Antonia Cardoso Lima lo sabe bien. Ella atesora tres imágenes que para cualquier cubano serían un privilegio: el Comandante Ramiro Valdés Menéndez cargando en brazos a su hija. Y ese momento, ocurrido al otro lado del mundo, ella lo recuerda como si fuera hoy.

«Para mí es un orgullo haberlo conocido. Es un hombre extraordinario. Sencillo, cariñoso, amante de los niños. Y tener a ese hombre delante de mí, que es la historia viva de la Revolución cubana. El que estuvo al lado de Fidel desde Moncada, en el Granma, en la Sierra, en la invasión, que estuvo incluso con el Che en Santa Clara. Y después de la Revolución, cuántas misiones no cumplió. Un hombre de una calidad humana que no se puede odiar».

Maria Antonia es hoy la secretaria ejecutiva de la Sociedad Cultural José Martí en Villa Clara y fue pedagoga durante más de cuarenta años. Pero hubo un tiempo en que su vida transcurrió lejos de Cuba, en Tokio, Japón, donde cumplió misión diplomática en la embajada cubana. Fue allí donde el destino la puso frente a frente con el Comandante.

«Estuvo varios días en la embajada. Fue muy amable, muy carismático con todos los compañeros. Con los niños, especialmente. Tengo una foto donde estamos todas las mujeres de la embajada. Otra con todos los niños. Pero la más especial es esa en que él carga a mi hija, la más pequeña de todas. Ella le hacía gracias y él sonreía, la acariciaba. Era un hombre amante de los niños, de verdad».

Aún hay emoción en los ojos de María Antonia al recordar ese instante. Su hija tenía dos años. Ramiro Valdés la alzó con la misma firmeza con que había cargado fusiles y esperanzas.

«Es lo más grande que me ha pasado en la vida. Conocerlo a él, como persona, como ser humano. Porque es un hombre que ha sido sencillo, fiel a la Revolución. Decía, como Martí, que la mejor manera de decir es hacer. Es un hombre al que no le gustaba la fama. Por eso creo que él no puede morir en esencia. Físicamente se va, pero siempre estará en el corazón de los cubanos».

Ahora, los restos del Comandante descansarán para siempre en Villa Clara, al lado del Che, su compañero de lucha, su hermano. Y María Antonia, como muchos villaclareños, lo siente como un honor.

«Eso sería un orgullo, un honor que no me va a caber el pecho. Ese reencuentro con el héroe, con el hombre intachable. Porque aunque los enemigos hayan querido desaparecerlo, él no va a desaparecer. Físicamente sí, pero sus ideas estarán siempre con el pueblo. Para Villa Clara, para Santa Clara, es un honor que sus restos descansen aquí, en esta ciudad que él quiso y ayudó a liberar. Junto al Che, su hermano de lucha, de ideas, de sangre».

Nunca volvió a verlo. Solo tuvo aquellos días en la embajada. Pero le bastaron para guardar para siempre la imagen de un Comandante que también sabía sostener la vida entre sus brazos.

«Nunca más tuve la oportunidad. Pero son oportunidades únicas».

Ramiro Valdés fue, sin dudas, un hombre que supo decir haciendo. Y su esencia, la de aquel guerrillero que también era abuelo y amigo de los niños, no se borra con el tiempo. Queda en la memoria de una mujer que guarda tres fotografías como un recuerdo imborrable.