El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez vivirá eternamente entre nosotros, de él siempre habrá que hablar en presente, el joven que fue al Moncada, vino en el Granma, y luchó en la Sierra Maestra, el que se convirtió en el segundo jefe de la Columna 8 “Ciro Redondo”, comandada por el Che y que entró en Santa Clara para convertirse en uno de los protagonistas de la gran batalla que dio el puntillazo final a la dictadura de Fulgencio Batista.
Esta ciudad le dio el título de hijo ilustre, aquí siempre regresó para rendir tributo a su jefe, el Guerrillero Heroico, y a quienes compartieron junto a él los sueños de libertad, dice emocionado Reday René Armas, director del Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara.

«El ir y venir durante estos años siempre lo mantuvieron cerca de Santa Clara y de la provincia de Villa Clara, nos acompañó en actos nacionales, siempre tuvo sus nexos con esta provincia, por ello su ejemplo, sus enseñanzas están con nosotros», comentó Reday.

En 1997 vino a esta ciudad en aquel momento inolvidable en que los restos del Che llegaban a esta tierra del centro de Cuba para rendir, desde ese momento y para siempre, tributo eterno al guerrillero inmortal y sus compañeros de lucha. Aquí estuvo también cuando se inauguró el Complejo Mausoleo Frente Las Villas donde reciben honrosa sepultura sus compañeros de lucha.

«Encendió la llama eterna de este Mausoleo, en acto presidido por el General de Ejército Raúl Castro, pero nos deja una enseñanza, él nos explicaba que aquí solo hay una llama la que encendió Fidel el 17 octubre de 1997 en el Memorial, y aseveraba que esta llama multiplicaba la que se encuentra en aquel recinto sagrado; sin dudas, es una lección de modestia, sencillez, fidelidad, cada vez que llegaban restos de los 140 combatientes que descansan en el Mausoleo Frente Las Villas, él siempre vino, él decía: a ellos los traigo yo; ahora a él lo traemos nosotros, lo trae el pueblo cubano, hemos aprendido a conocerlo por un nombre, Ramiro, el guía que nos acompañó en estos años de Revolución», precisa.

Cada vez que llegaba a esta provincia, en medio de las grandes responsabilidades que cumplió en su trayectoria revolucionaria, hacía un alto en el camino para honrar a sus compañeros de lucha, en un diálogo muy personal, muy íntimo, modesto, muchas veces sin cobertura de prensa ni altisonancias, donde seguramente, se renovaban compromisos, añade el director del Complejo Escultórico.

«Llegaba aquí, siempre podía ser en un amanecer, tarde en la noche, a media jornada, pero siempre llegaba a saludar al Che, le depositaba flores ante el nicho y nos permitía que también le colocáramos una flor ante el nicho del Guerrillero Heroico, era un momento de compromiso, hacía muchas preguntas de este recinto, nos convidaba a profundizar en la historia, nos hacía anécdotas, transmitía mensajes del valor de la historia que custodiábamos, de cuantos visitantes venían a la plaza, nos decía que este lugar era solemne, pero debía ser parecido al Che con esa austeridad mezclada con los sentimientos nobles, con belleza, solemnidad, hoy nos dedicamos a remozar este sitio entrañable y a defender la Revolución», explica Armas Álvarez.
De manera particular, en el Memorial ante el nicho del Che y su Destacamento de Refuerzo, y luego en el Mausoleo Frente Las Villas, era un momento de honda emoción, indescriptible.

«Era el Comandante de la Revolución saludando al Guerrillero Heroico, y sus compañeros de la gesta boliviana, iba al Mausoleo, colocaba una flor al Comandante Víctor Bordón ante su tumba, al Dr. Comandante Oscar Fernández Mel, al Comandante Vicente la O, ahí están sus compañeros, sus amigos, al final, ponía una flor ante la llama eterna y guardaba silencio, percibíamos que conversaba con ellos, eran lecciones de historia, de Ramiro hay mucho que aprender».
Miembro fundador del Comité Central del Partido y su Buró Político, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, ministro del Interior, vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, vice primer ministro, no hubo tarea por difícil que fuera , que Ramiro Valdés no cumpliera como un soldado fiel.
Así, en el fragor del combate, siempre volvía a esta ciudad donde descansan para siempre los restos de sus hermanos, quienes junto a él, apostaron por el futuro. Aquí muchas veces revisó programas importantes de la Revolución, criticaba, exigía, pero también enseñaba con esa ternura de los grandes. Hoy, a este hombre cabal, habrá que honrarlo de la mejor manera: haciendo.
«Recordarlo con amor como un soldado fiel, surgido de lo más pobre de nuestro pueblo en su natal Artemisa, hoy se va en momentos difíciles para la Patria, donde es imprescindible defender lo que hemos logrado, nos deja lección de compromisos de seguir trabajando con la Generación del Centenario del Apóstol, en el Centenario del Comandante en Jefe, de seguir trabajando con Raúl, de ser patriotas fieles y entregarnos cada día muy duro al trabajo», declaró finalmente el director de esta catedral de las causas justas del mundo.

Video: Carlos Rodríguez Torres
