Seis jóvenes villaclareños formaron parte de la Generación del Centenario de José Martí.
Conducidos por Fidel, estuvieron el 26 de julio entre la pólvora y la metralla en aquella mañana de la Santa Ana, cuando la dignidad y las estrellas en la frente coronaron a una juventud inmensa que no dejó morir entonces, el legado de nuestro Apóstol, por una Cuba sin cadenas.
Y por esa libertad ofrendaron sus vidas en el ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en una gesta que marcó para siempre la historia de nuestra isla.
Los hijos de esta tierra central involucrados en esta acción fueron Pablo Agüero Guedes, Elpidio Sosa González, Roberto Mederos Rodríguez, Osvaldo Socarrás Martínez y los hermanos Haydée y Abel Santamaría Cuadrado, el segundo jefe del Movimiento.

La Doctora en Ciencias Históricas Ileana Echevarría Aldama, explica otros detalles:
«Estos jóvenes villaclareños habían marchado a la capital en busca de mejores condiciones de vida, querían encontrar un trabajo que les permitiera vivir en medio de la compleja situación económica que tenía el país, muchos de ellos impactados por el Golpe de Estado del 10 de marzo y la prédica de Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo. Eran muy sencillos, humildes, un momento importante en nuestra historia fue cuando Fidel y Abel se conocieron, el primero de mayo de 1952 en un acto por el primer aniversario de la muerte de Carlos Rodríguez, joven que había sido asesinado, ese día quedó sembrado en nuestra historia, se compenetraron de manera tal que no se separaron nunca, Abel decía que había conocido a la persona que iba a dirigir la Revolución en Cuba».

Abel vive en el recuerdo de su pueblo natal, Encrucijada. Era el niño solidario que pedía leer a Martí y que se ganó el Premio Besos de la Patria, el joven alegre y sencillo. Y también se atesoran los recuerdos de Haydée, su hermana inseparable.
En nuestros archivos sonoros conservamos las declaraciones del Doctor y abogado Alberto Taboada, ya fallecido, quien conociera a los hermanos en sus años de adolescencia y juventud.
«Tuve el privilegio de tener relaciones de profunda amistad con Abel, cada vez que él venía a Encrucijada, hacía contacto con nosotros, era muy carismático, tenía grupos en el antiguo central Constancia, jugaban pelota, iban a los bailes, eran muy unidos, muy preocupado con el sentimiento de rebeldía por lo que sucedía en Cuba», expresaba en sus testimonios Taboada.
Y agregaba: «Abel era Haydée y Haydée era Abel, cuando Abel tuvo la posibilidad de llevarse alguien para La Habana se llevó a Haydée, su hermana mayor, decía que era quien más lo sabía comprender, era muy divertida, quería mucho a Abel, y ambos eran muy martianos».
Elpidio Sosa, del municipio de Sagua la Grande, murió combatiendo en el asalto al cuartel Moncada, solo tenía 24 años.

También sagüero es Roberto Mederos Rodríguez, muchacho con el don de dejarse querer.
De Pablo Agüero Guedes hay pocos recuerdos en Caibarién, lugar donde nació, porque de muy niño sus padres se trasladaron a La Habana, tenía interés por la lectura, su superación cultural y política.

Con solo 17 años se convirtió en símbolo de la juventud cubana de su época y no dudó en incorporarse a la lucha. Combatió en el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, fue capturado y asesinado por la dictadura batistiana.
Osvaldo Socarrás, hombre serio y humilde, que no dudó en formar parte de la lucha, es el símbolo de la humildad y la discriminación de su raza. Fue limpiabotas, recogedor de botellas, barbero, parqueador de autos.
El ya fallecido periodista e investigador, Aldo Isidrón del Valle, Premio Nacional de Radio y de Periodismo José Martí, realizó pesquisas sobre la vida de este moncadista y veinte años después de aquellos hechos, sus investigaciones fueron publicadas en el periódico Granma.
«Socarrás era de los mas humildes de los combatientes, tenía 35 años, había marchado a La Habana para encontrar trabajo, allí contactó con los hermanos Ameijeiras, vino a Santa Clara, quizás a despedirse de sus padres, y dijo que había conocido a un hombre que reencarnaba a José Martí», contó Aldo en una entrevista a nuestra emisora.
La Doctora Ileana Echevarría insiste: «Me da mucha emoción como todos trataban de cuidar al otro, Abel a Fidel, Fidel a Abel, Abel de salvar a Haydée y Melba, recuerdo el testimonio de Haydée que Abel habló con ellas cuando sabían que habían fracasado en aquella acción y les decía que ellas tenían que salvarse y contar lo sucedido, les dijo que después de ese momento sería más difícil vivir que morir».

Por su parte, el Doctor Taboada puntualizaba las palabras de Abel: «lo que pase en el Moncada se sabrá algún día, la historia lo registrará y nuestra disposición a morir por la patria será imitada por los jóvenes de Cuba, es preciso saber morir para vivir siempre, el que sepa morir, vivirá, los héroes y mártires del Moncada murieron por la patria y hoy viven en el corazón de los cubanos».
Presencia villaclareña en la gesta del 26 de Julio, una historia que enaltece a la Generación del Centenario de nuestro Apóstol José Martí.
