Para princesas y príncipes enanos se hizo esta fiesta. El inicio del curso escolar en Cuba volvió a traer esperanzas y alegrías, a pesar de momentos muy difíciles y el duro bregar del día a día de profesores, maestros, familias, jóvenes, niñas y niños que deberán asumir grandes desafíos en medio de muchas carencias y apagones, pero con la certeza de que el futuro está a la vuelta de la esquina y por ese mañana habrá que darlo todo.
En el seminternado 13 de marzo, de Santa Clara, se abrieron las puertas como cada septiembre, tal y como aconteció en los más de 600 planteles educacionales de Villa Clara. Una bandera cubana y el busto de José Martí, abrazos, lágrimas, libros, lápices y libretas encima de cada pupitre, pizarras escritas y dibujos que cuentan los sueños fue el escenario de una escuela donde una vez más, se siembra la esperanza.

María Alejandra Armas Sánchez, una niña que comienza el cuarto grado, me confesó sus sentimientos. Según esta pequeña «me encantó venir a la escuela, ver a los niños y maestras felices, quiero comenzar a estudiar otra vez, y me encanta ver esta felicidad y que los padres vean que sus niños aprendan más cada día».
Odalis Bernardo Cuéllar es maestra de cuarto grado, hace 33 años imparte clases, pero este curso, dice, es difícil, muy difícil —reitera— muy diferente, retador, pero aquí estamos.
«Este es un curso heroico en condiciones que nunca hemos enfrentado, muy complejas, hoy el timbre sonó distinto, con alegría y deseos de hacer, al ver las caras de los niños, con sus deseos de aprender, de volver al reencuentro, hoy se demostró en el patio repleto de niños, familiares, maestros, todo ello nos dice que este curso va».
«Hay muchos sentimientos encontrados, y pensar que hay 31 niños que me esperan, me da el ánimo de levantarme cada día a las 5 de la mañana en apagón, para preparar lo que tengo que hacer para mi familia y para mí, y cuando llego al aula y veo a mis pequeños, eso me da fuerzas para enfrentar todas las vicisitudes, sin embargo, aquí estamos dando el sí».

Una idea que me ratifican dos pioneras: Carolina Guzmán Guerra y Valeria Gómez Broche, quienes hablan con emociones y la altura de sus años.
De acuerdo con Carolina «me siento feliz de estar con una nueva maestra, ser feliz, siempre orgullosa de aprender con estas maestras tan hermosas, agradecerles mucho a ellas y hacerlas sonreír cada día más».
Por su parte, Valeria con la sonrisa en sus labios, me dice «me siento feliz de aprender y ya entré a cuarto grado, estoy feliz de haberlo logrado, espero que los maestros estén felices, mi sueño es avanzar más, espero que todo sea bien bonito durante el curso».

María Julia Ribalta Morales es la directora del seminternado 13 de marzo de Santa Clara. Ella sabe que, junto a su claustro comprometido, deberá enfrentar muchos desafíos, pero con el orgullo de sembrar los frutos que germinarán mañana.
«Hay compromisos altos de mi claustro y la familia, que está muy vinculada a la escuela, si no fuera por la familia no hubiéramos podido lograr lo que hemos logrado, todos estamos comprometidos, la educación otra vez va a dar un sí por Cuba, en este centro tenemos todo el claustro completo, contamos con todo el personal, dispuesto a empezar este curso por lo alto, pese a las dificultades en el país, todos motivados, vamos a cumplir todos los retos, esto hay que afrontarlo con optimismo y tener la mejor sonrisa para todos».

Ema Pérez Peón y Alain Damián Vizcaíno Mena comienzan tercer grado y en sus palabras resumen sus sentimientos.
Los dos pequeños reiteran que extrañaron su escuela «y me emocioné mucho, mis sentimientos son como mi alma, tengo asignaturas nuevas, como El mundo en que vivimos, inglés y computación, también estudio japonés, cuando vi a mi maestra me puse muy contenta, esta escuela es un regalo, y quiero que sigamos adelante para ayudar a las maestras cuando seamos grandes, voy a ser un niño bueno y estudioso», afirman.
Y allí, la pequeña Gabriela Morales Rabasa, quien sueña con ser bailarina y este 1 de septiembre se presentó ante sus compañeritos para danzar en nombre de la vida.

Con un brillo en sus ojos nos confiesan: «me siento muy orgullosa, y espero que mis padres estén orgullosos, ha sido un logro alcanzado con mucho esfuerzo, nos apoyamos entre nosotros, quiero ser bailarina profesional de danza y estoy feliz de haber bailado con mis amiguitos, me siento muy apoyada y querida por mis familiares, mis compañeros, maestras, hemos pasado por momentos muy difíciles, pero seguimos adelante, intentamos ser mejores cada día, y somos ejemplo para la patria».
Así inició el curso en una escuela santaclareña, uno de los tantos planteles que abrió sus puertas este 1 de septiembre para comenzar un período lectivo en un país que no renuncia a seguir sembrando la esperanza, por la Cuba de hoy y la Cuba del mañana.
