Hay ciudades que se explican por sus monumentos; otras, por sus paisajes. Santa Clara, en cambio, se entiende mejor mirando a los ojos de quienes la han habitado durante casi un siglo. Porque en esta tierra la cultura y la historia no están solo en los libros: caminan por las calles, cumplen años y siguen sonriendo.
Hoy ese caminar tiene el ritmo pausado pero firme de Marta Anido, una santaclareña de pura cepa que ahora celebra 95 años, y no lo hace sola. La rodean amigos, intelectuales, artistas y también esa gente del pueblo que sabe reconocer, en los pliegues de su rostro, el mapa de un amor eterno a su ciudad.

Marta es, en palabras llanas, la más “pilonga” de los hijos ilustres de Santa Clara. Y vaya que la lista es larga: poetas, músicos de alto vuelo, intelectuales con la patria tatuada en el alma... Pero ella tiene algo especial: no se guardó ningún reconocimiento. Cada medalla, cada condecoración —incluido el Escudo de Armas de Villa Clara que hoy recibe— la encontró con una sola obsesión: dedicársela a la gente común. A esa que la ha acompañado mientras ella, a su vez, ofrecía hasta el último aliento por el patrimonio local.
Por eso llevar el nombre de Marta en Santa Clara es casi un símbolo: ella es la ciudad hecha persona, con su tradición de lucha, su sed de cultura y su manera única de mirar.

Una mirada que, dicho sea de paso, traslada a otro tiempo. Quien la observa siente que lee un libro vivo. Y es que Marta Anido no solo ha vivido 95 años: ha sido, durante cada uno de ellos, la conciencia amable de este pueblo.
Contenido relacionado: Marta en danza eterna por la vida (+Audio)
