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Lucía y la obra de la vida
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Lucía y la obra de la vida (+Audio)

Amanda Tristá Hernández

Domingo, 11 Febrero 2024 09:11

Han pasado 55 años desde que Lucía del Carmen Alba Pérez se graduó de la carrera de Psicología en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. Hoy, tras medio siglo de intensa y sobresaliente labor, es baluarte indiscutible de la profesión en la provincia, que ejerció desde su temprano amor por la humanidad.

Jefa y fundadora del Grupo Provincial de Psicología de la Salud en Villa Clara, ha impartido innumerables asignaturas en todas las sedes universitarias.

Profesora titular de Metodología de la Investigación, ha tutoreado más de cien tesis neuropsicológicas, en especial sobre el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y otros de tipo autista. Desde su consulta también se ha elevado la llamada neurociencia.

¿Cómo ve la formación actual de la psicología en el país?

«La calidad del psicólogo no está en el lugar donde se formó, sino en su propia calidad, en sus potencialidades,  porque hasta de la Complutense de Madrid salen los mejores y los peores, depende de la calidad del profesional.

Yo he visto psicólogos brillantes graduados de la sede universitaria y graduados de Salud. Otros no se destacan tanto porque depende también de la dedicación, porque el profesional de cualquier rama, una vez que termina, tiene que continuar: todos los días hay que seguir estudiando».

¿Se habla de un alza en los problemas de salud mental en el mundo? ¿Qué cree de ello?

«Actualmente en el mundo se están viviendo muchos cambios, crisis que tienen que ver con todo: cambios políticos, sociales, cambios climáticos, y de esa crisis no está exenta Cuba.

También en la medida que sabemos más, buscamos las cosas y las encontramos. Antes, esa morbilidad existía y estaba oculta porque no había quién la descubriera, quién la estudiara.

No sabíamos cómo llegar a ella, por ejemplo, el autismo es un trastorno que siempre tiene que haber existido y ahora hay un alza en los diagnósticos.

«Hay factores genéticos que están presentes. A veces los muchachos son así, los padres tenían sus características, pero estos nunca fueron diagnosticados, o los abuelos. ‘Eran extraños. Ella era rarita y en la escuela no era muy buena’, pero nunca se diagnosticaban. Había neuróticos, había retrasados, pero no se diagnosticaban».

¿Qué me puede decir del tabú en relación al acto de acudir a un psicólogo?
«Muchos van y hay muchos que no desean ir. El tabú más grande yo lo encuentro muchas veces en los hombres, en los padres, sobre todo.

Yo he tratado niños y niñas de hijos de personalidades y ha ido la madre, pero el padre no se ha querido asomar a la consulta, con tal de que no sepan que es su hijo el que está allí, porque el padre es una figura, y eso me ha pasado más de una vez».

¿Qué ha representado en su vida su trabajo, tanto clínico como en la docencia?
«Yo diría que me ha dado mucha riqueza espiritual, y eso me ha dado tranquilidad. Yo a veces estoy intranquila por los demás, por los que no han sabido vivir así, igual que yo.

El mejor maestro es el que permite que sus ideas, sus criterios se puedan llevar a cabo a través de la boca de sus alumnos, es decir, lo que se dice por boca de un alumno que sea un poco el legado, un poco de lo que aprendió del maestro causarle a este una gran satisfacción.

Todavía tengo alumnos que hoy en día son cardiólogos o tienen otra especialidad y cuando me ven me dicen ‘mi primera profesora fue usted y no se olvida’. Me jubilé, pero no me retiro, sigo haciendo cosas».

A sus ochenta años, reconocida en el 2023 como Personalidad Distinguida de la ciudad, todavía dirige una línea doctoral en la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, orienta tesis y ofrece su visto bueno en algunas consultas. Confiesa que no le teme a la parca, y es que Lucía tiene sus razones: como decía el Apóstol, la muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.