CMHW
Los mejores “súbditos” de la reina de las viandas
Foto del autor

Los mejores “súbditos” de la reina de las viandas

Jesús Álvarez López

Domingo, 14 Enero 2024 08:47

Desde que leí hace muchos años que un campesino matancero había logrado 40 mil quintales de papa por caballería cuando mucho costaba llegar a los seis mil, comencé a abogar por darles la oportunidad a los villaclareños.

Largo ha sido el camino y no pocos los adversarios ha tenido la idea por diversas razones, pero ya en la campaña pasada incursionó el primero en Placetas y en la actual otros cuatro valientes del “Movimiento de los noventa” de Camajuaní.

Y digo valientes porque yo sé que lo hacen más por demostrar que sí pueden,  que por incentivos económicos porque usted ve cuanta oposición existe a topar precios, pero se topa sin embargo a la papa que tiene un paquete tecnológico importado, a un precio inferior que el resto de las viandas. O sea, un campesino sembrando boniato ganaría más.  No sé si alguien tenga algún argumento para rebatir que se trata de un absurdo.

Que se produzca más papa es lo que importa a los consumidores que solo la han visto como aperitivo desde hace años. Y abogo por extender su siembra entre los campesinos entre otras razones porque conozco como cumplen la disciplina tecnológica, escuchan a los técnicos, aman lo que hacen y atienden los cultivos con esmero. Difícilmente un campesino se coma su propia semilla, incumpla el ciclo de riego o le roben la papa del surco ya sembrado, y sé por qué lo digo.  

La papa plantada por campesinos es una garantía además de que no se perderá al final en la etapa de cosecha como ha ocurrido tantas veces en entidades estatales como la empresa Valle del Yabú. En fin, es una lástima que sea tan insignificante el por ciento de la superficie total de 430 hectáreas que se le ha permitido sembrar hasta hoy a los campesinos, y si queremos que haya papa para todos no veo otra vía en las actuales condiciones que multiplicar el área de siembra en ese sector, seleccionando los mejores productores por cada municipio.

Sería además una estrategia coherente con el “Programa de autoabastecimiento municipal” y la llamada “Ley de soberanía alimentaria”, y posibilitaría superar el desatino económico que significa gastar combustible importado en divisas, para transportar de un municipio a otro una vianda que puede producirse en todos.

Sería una fórmula ideal también para acabar con “sanciones” injustas como la sufrida por Manicaragua desde 1993 por haber obtenido entonces bajos rendimientos en la campaña de papa y que pueda volver a plantar la denominada “reina de las viandas”.