Cierra un año bien difícil —recordando aquella popular frase del hacendado cubano José Manuel Casanova: «sin azúcar no hay país»—, en el que la producción apenas alcanzó para cubrir las necesidades internas.
La situación, que ya venía siendo difícil debido a múltiples motivos, tanto objetivos como subjetivos, se tornó más agresiva con efectos nada halagüeñas para la sostenibilidad de una agroindustria que cierra el 2024 con saldos más que agridulces.

A los bajos volúmenes de azúcar fabricados se suman la disminución de los rendimientos agrícolas en los que estuvo presente la falta de combustibles, fertilizantes y herbicidas, junto a deficiencias organizativas, incumplimientos de la disciplina tecnológica y deficiencias en la exigencia y control, unido al incumplimiento de la siembra.
El sector agroazucarero de Villa Clara concluyó su peor año de los últimos tiempos, por ahora, pero una de las causas principales está en que no se produce suficiente caña.
El 2024 se fue, quedó en la historia, pero transfirió una gran deuda al 2025 que parece no tendrá tampoco para el sector complacientes resultados; no obstante, seguirá la diversificación o ampliando su familia de alimentos de “pura caña” para contrarrestar la caída de sus principales rubros: caña y azúcar. El tiempo dirá.
