No se ha logrado poner freno al declive de la ganadería vacuna en nuestro país, realidad que es posible fotografiar a partir de lo ocurrido en Villa Clara.
Si poco más de 10 años atrás se rompió el récord de 519 mil cabezas, en este tiempo la masa se ha reducido en más de 150 mil animales.
Son números que impresionan al más flemático. Altísima mortalidad año tras año como consecuencia fundamentalmente de la desnutrición, hurto y sacrificio ilegal, faltantes en cada conteo, son las causas principales.
Y si además de tener menos vacas en ordeño se acopia apenas una tercera parte de la leche que se produce por diversas causas, entonces es fácil percatarse de la gravedad del asunto.
Si ahora que se mantienen exuberantes los pastos se acopian apenas unos 60 mil litros diarios, cuando la sequía convierta los potreros en desiertos, como cada año, y las vacas den más lástima que leche, no va a haber prácticamente materia prima para la industria láctea y se pondría en riesgo la leche de los niños.
La ganadería reclama una mirada integral, porque la leche y la carne son los subproductos finales de un buen manejo de los rebaños, con garantía de alimentos y agua. Una vaca flaca ni entra en celo y si no se preña no pare ni produce leche, ni crece la masa.
Una medida aprobada por la dirección del país años atrás para estimular la ganadería y muy bien acogida por los campesinos como es la autorización del sacrificio legal a partir del cumplimiento de algunos requisitos como el crecimiento de la masa en no menos de tres animales, tampoco ha dado los resultados esperados. No han faltado las trabas de los burócratas que deben certificar los números.
No creo que sea casualidad que el municipio que año tras año es el que más número de cabezas sacrifican sus campesinos legalmente -que es Corralillo- sea precisamente el que más crecimiento de la masa de ganado bovino logre.
Y solo con apreciar este aspecto llego a una conclusión: lo que más necesita la ganadería cubana es motivación, estímulo, insumos ... Y una unidad indisoluble entre los campesinos organizados en patrullas y los órganos estatales cuya misión es enfrentar el delito para frenar el hurto y sacrificio ilegal que tanto daña moral y materialmente no solo los campos, sino a toda la sociedad cubana.
