Monguito coloca el guano sustituto en el techo de la simbólica vivienda, resguarda la memoria del negro valiente para que los sindicatos conozcan sobre sus derroches de palabras, sabiduría y honor, dondequiera que hubiese que defender el derecho de los trabajadores en los ingenios, cañaverales o vegueríos.
Jesús hizo posible la victoria en el reclamo de la cláusula de garantía y en otras batallas para beneficio de los obreros azucareros, Jesús fue profeta y lo sigue siendo y sus ideas trascienden en la vigencia indisoluble de una Cuba más próspera y sostenible.
Y este jueves 22 de enero se congregarán los admiradores de su obra, en los alrededores del bohío donde se alumbró Menéndez, y su arenga adelantada y sincera, mas allá del homenaje a su preclaro humanismo, ha de tener nuevas interpretaciones en la eficiencia en el trabajo cotidiano, en los resultados, para decirlo con Nicolás Guillén, con la punta de la mocha.
Un 22 de enero de 1948, el asesino Casillas Lumpuy le disparó cobardemente en la estación ferroviaria de Manzanillo; pero no pudo someter a los obreros que se quedaban como encantados con sus discursos y su presencia premonitoria y rebelde.
Por eso, el albacea Monguito sigue cobijando la memoria del General de las Cañas, sustituye el guano para que no se marchite el ímpetu del eterno combatiente, para que la techumbre resguarde y rejuvenezca el heroísmo de aquella ventolera poética en ingenios y cañaverales.
