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La unidad es nuestra primera trinchera y tribuna
Foto: Archivo

La unidad es nuestra primera trinchera y tribuna

Tomado del Portal del Ciudadano Soy Villa Clara

Sábado, 14 Marzo 2026 09:03

Hay verdades que el corazón villaclareño lleva grabadas a fuego. Una de ellas, quizás la más profunda, es que la soberanía no se defiende solo en las fronteras físicas, sino principalmente en la manera en que nos miramos unos a otros, en la forma en que nos tratamos como hermanos, en la unidad inquebrantable que somos capaces de sostener cuando el viento sopla en contra.

Villa Clara lo sabe. Lo sabe porque su historia está escrita con la tinta indeleble de quienes entendieron, mucho antes que otros, que la discordia entre cubanos es el único camino seguro hacia la derrota. Lo supieron los mambises que en estas tierras juraron libertad o muerte. Lo supo el Che cuando escogió esta provincia para librar la batalla decisiva. Lo supo Fidel cuando nos llamó "vencedores de dificultades y obstáculos", reconociendo en nosotros una estirpe que no se rinde, que no se divide, que no se entrega.  

Hoy, cuando las amenazas a nuestra soberanía adoptan nuevas formas —desde la guerra mediática hasta los intentos de desestabilización que pretenden sembrar cizaña donde siempre ha crecido la solidaridad—, el mensaje de Villa Clara al resto de Cuba es claro y contundente: la unidad no es una opción, es la condición misma de nuestra existencia como nación.

No puede haber discordia entre nosotros. No ahora, no nunca. Porque cada vez que un cubano levanta la voz contra otro cubano, hay alguien desde afuera celebrando. Cada vez que permitimos que las diferencias nos enfrenten, hay intereses foráneos frotándose las manos. Cada vez que olvidamos que somos hijos de la misma tierra, de la misma historia, del mismo sueño de justicia, le regalamos a los enemigos de la patria lo que ellos nunca podrían conquistar por la fuerza: nuestra desunión.

La soberanía es lo más grande que tenemos. No hay riqueza material que pueda compararse con el derecho a decidir nuestro propio destino, a equivocarnos y corregirnos entre nosotros, sin tutelajes ni imposiciones de ningún tipo. Esa soberanía se defiende con leyes, con instituciones, con fronteras resguardadas. Pero se defiende, sobre todo, con la convicción íntima de que somos uno solo, de que nuestras diferencias se resuelven en familia, de que ningún problema interno justifica jamás poner en riesgo la integridad de la nación.

Villa Clara lo sabe. Por eso, desde el centro geográfico de Cuba, levantamos la voz para recordar lo esencial: los cubanos no nos hacemos el juego a los que quieren vernos divididos. Los villaclareños no compramos discursos de odio disfrazados de libertad. Nuestra libertad es la que hemos construido juntos, con sudor y sacrificio, con aciertos y errores, pero siempre con la certeza de que nadie desde afuera nos va a venir a enseñar cómo ser cubanos.

La unidad no significa uniformidad. Significa que, por encima de cualquier diferencia, prevalece el amor a la patria. Significa que, ante cualquier amenaza externa, cerramos filas. Significa que, en lo fundamental —la independencia, la justicia social, la dignidad nacional—, no hay espacio para la dispersión.

Los que apuestan por la desestabilización cuentan con nuestra división. Por eso su estrategia es siempre la misma: sembrar cizaña, exacerbar diferencias, presentar como irreconciliables lo que solo son matices de una misma identidad. Pero se equivocan si creen que Villa Clara caerá en esa trampa. Se equivocan si piensan que el pueblo que el Che llamó "decidido y heroico" va a olvidar ahora que la principal fortaleza está en la unidad.

Hoy, más que nunca, tenemos que mirarnos a los ojos y reconocernos. Tenemos que tender puentes donde otros quieren levantar muros. Tenemos que hablar, escucharnos, debatir, pero siempre con la premisa irrenunciable de que la soberanía está primero. Siempre con la certeza de que los problemas de Cuba los resuelven los cubanos. Siempre con la convicción de que, unidos, hemos vencido lo invencible.

Villa Clara lo sabe. Y desde aquí, desde el corazón de la isla, enviamos un mensaje a toda Cuba: la unidad es nuestra primera trinchera, nuestro escudo más poderoso, nuestra arma más certera. En ella nos fortalecemos. En ella vencemos. En ella seguiremos siendo, como nos definió Fidel, vencedores de dificultades y obstáculos.

Porque cuando los cubanos estamos unidos, no hay fuerza en el mundo capaz de doblegarnos.