El 10 de junio se conmemora el Día Mundial de la Seguridad Vial.
La fecha fue instituida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para recordar algo tan sencillo como urgente: cada desplazamiento, cada cruce, cada kilómetro recorrido puede ser seguro si anteponemos la vida a la prisa.
Pero, ¿qué pasa cuando la prisa, la distracción o el exceso de confianza ganan la partida?
En Cuba, los reportes de la Comisión Nacional de Seguridad Vial nos dejan un mensaje contundente que no podemos ignorar. El año pasado, en la isla se registraron más de siete mil quinientos accidentes de tránsito. Detrás de esa cifra, unas setecientas cincuenta familias cubanas perdieron a un ser querido en una carretera, una avenida o una calle vecinal.
Es difícil de digerir: el 91 por ciento de estos accidentes pudieron haberse evitado con un poco más de atención. Una distracción al volante, el exceso de velocidad o, en algunos casos, haber ingerido bebidas alcohólicas antes de conducir son la chispa que enciende la tragedia.
La mala noticia es que esta tendencia sigue al alza; la buena, es que está en nuestras manos detenerla. Porque hoy no solo se conmemora una fecha, sino que se renueva un contrato social. Un contrato que nos obliga a mirar por el otro, a respetar al ciclista, a proteger al peatón.
Por eso, desde este espacio, hacemos un llamado a la responsabilidad compartida. La seguridad vial no es solo cuestión de inspectores o de leyes. Es un compromiso no escrito que adquirimos cada vez que salimos a la calle. Porque una decisión equivocada en la vía puede apagar una vida para siempre.
