Por primera vez, las notas del "Himno a Villaclara" resonaron en el corazón de la ciudad, y los versos de José Manuel Berenguer y Sed, musicalizados por Néstor Palma, quedaron grabados en el alma de los santaclareños para siempre.

Cuarenta y seis años después, el 4 de agosto de 1941, los periódicos "La Publicidad" y "El Liceo" publicaron el himno y convocaron a todas las instituciones y asociaciones de la urbe a que comenzaran sus actos y fiestas interpretando aquella composición que ya era parte del sentir popular. El periódico, que se imprimía en la calle Colón número 6, llamaba a los villaclareños a cantar con fervor, porque era "deber y satisfacción de todos".
Era el reconocimiento oficial de lo que el pueblo ya había hecho suyo, según declaró a la Agencia Cubana de Noticias Hedy Hermina Águila Zamora, historiadora del territorio.
El "Himno a Villaclara", dedicado a Marta Abreu, une dos almas artísticas: la del poeta José Manuel Berenguer y Sed, quien vertió en sus versos el amor por su tierra y por la mujer que tanto hizo por ella; y la del músico Néstor Palma, que supo encontrar la melodía perfecta para las palabras.
Juntos crearon una pieza que respira por sí sola, que evoca los paisajes, la historia y el orgullo de quienes caminan por las calles que, algún día, fueron del Cubanacán.

"La obra literaria de Berenguer se convirtió en un elemento simbólico de nuestra identidad; junto a la bandera, aprobada en 1953, y el escudo, conforman los tres símbolos patrios de nuestra ciudad", explicó Águila Zamora..
La historia de esos tres emblemas está ligada a la voluntad de un pueblo que, desde el siglo XIX, ha buscado afirmarse a través de signos propios.
Precisamente José Manuel Berenguer y Sed impulsó la creación del escudo. La obra se diseñó en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana, y el Ayuntamiento lo aprobó el 19 de febrero de 1928. El himno y el escudo, junto a la bandera, fueron el resultado de un movimiento que buscaba consolidar la identidad santaclareña, y que tenía en Marta Abreu una figura central.
La historiadora recordó que el himno se convirtió en un vehículo de expresión popular: "No es una obra aislada. Forma parte de un proceso cultural más amplio que incluye la bandera, el escudo y las tradiciones de la ciudad. Es el símbolo sonoro de una identidad que se construye colectivamente".
Con su letra, que evoca la grandeza de la tierra, el texto lírico se convirtió en la banda sonora de las celebraciones populares.

No se trata solo de una composición musical, sino de la memoria viva de un pueblo, el eco de una ciudad que, incluso bajo el asedio del bloqueo y en medio de las dificultades, sigue cantando. Es el hilo que une el pasado de Marta Abreu con el presente de quienes caminan por los mismos lugares que inspiraron a Berenguer, es la certeza de que, como dice el himno, "la villa de Santa Clara es la luz que ilumina el corazón de Cuba".
Hoy, cuando los santaclareños entonan el "Himno a Villaclara", no solo recuerdan a quienes lo crearon. Cantan también la resistencia de una ciudad que sabe que su identidad no se negocia. Y en el año del centenario del natalicio de Fidel Castro, el himno resuena con más fuerza, recordando que hay símbolos que no pueden ser borrados ni por el tiempo ni por el bloqueo.
