Ningún evento caló más profundo en los habitantes de Santa Clara, que aquel ocurrido el 30 de septiembre de 1996, cuando después de varios años de ausencia, Fidel regresó a la ciudad. A pesar de que en otras ocasiones había recorrido esta provincia, la connotación especial de ese encuentro, estuvo en que el territorio deseaba una visita suya desde hacía muchísimo tiempo.
Él venía de Sancti Spíritus, donde había estado el día anterior, y decidió ir al pedraplén Caibarién-Cayo Santa María. El Comandante en Jefe no había podido compartir con el Contingente Las Villas y aquella era una buena oportunidad, «porque es mejor abanderar, no cuando la obra comienza, sino prácticamente cuando la obra ha sido realizada», como les dijo a sus trabajadores.
Veinte años hacía que Fidel no le hablaba a Santa Clara, por cuya razón, el entonces Primer Secretario del PCC en la provincia, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, le propuso realizar al otro día un acto en la plaza del Che.
— ¿Para qué ese acto? ¿Por qué?
— La población desea compartir con usted
— Haz lo que tú quieras, pero tú estás loco—, apenas quedaban 12 horas para convocar al pueblo.
«Fidel va a hablar en la Plaza», decían la radio, las voces, los carteles en la mañana del día 30. Mientras, el Comandante visitaba varios sitios de la capital provincial. Al terminar el recorrido, cerca de las 5:00 p.m. fue para la plaza. Entonces empezó a caer un tremendo aguacero, lo que retrasó la llegada del pueblo a la convocatoria: «Ese acto va a ser muy difícil», pensaba la mayoría.
Sin embargo, cuando a las 6:00 p.m., Fidel salió a la Plaza, conmovido por la multitud que observaba, expresó:
— ¿Pero y esto qué es?
— Vinieron por usted, le dijo Díaz-Canel, a lo que él contestó: No puedes decir eso, las cosas no se hacen por un hombre, las cosas se hacen por una idea. Es inconcebible. Esto es un huracán.
Y efectivamente, aquello era un mar de gente que, conmovida por la presencia de su líder, había ido a escucharlo y a demostrarle su cariño, entre los cuales había una mujer que gritaba junto al cartel que portaba: «Fidel, habla, te necesito».
El Comandante, conocedor de ese anhelo, comenzó su discurso con un reconocimiento a los presentes: «son ustedes demasiado generosos por el calor y el cariño con que me han recibido y por ser capaces de llenar esta gran plaza, aun bajo la lluvia».
«Para mí, será una fecha que me unirá eternamente en el recuerdo a esta ciudad y a ustedes, que nos colman de orgullo a todos nosotros, que nos llena de confianza y de fuerza.
Muchos compañeros me hablaban y me decían: Hace tiempo que no visita Santa Clara, y se preguntan que por qué no visita, si estuvo por acá, si estuvo por allá. Yo les puedo asegurar, con la sinceridad que me ha caracterizado siempre, que eso no tiene absolutamente nada que ver con el cariño, el respeto y la admiración que yo he sentido siempre, y sentiré siempre por Santa Clara y por Villa Clara».
Después relató, que cuando Díaz-Canel le propuso realizar el acto en la plaza, estuvo de acuerdo, pero indagó cómo se podía organizar una actividad de esa magnitud en solo unas horas y en un espacio tan grande.
«Sí, sí, se organiza, y se llena la plaza, puede estar seguro», fue la respuesta de quien hoy ocupa el más alto cargo en la dirección del Partido y el Gobierno cubano.
Fue así como se consumó aquella proeza; a la vez que se ratificaba, el inmenso cariño de los villaclareños por su Comandante en Jefe y la empatía recíproca entre el líder de la Revolución y su pueblo.
