Los vecinos del reparto Virginia, en Santa Clara, son de los más afectados por los constantes apagones y averías que sufren las líneas y los transformadores. Sus moradores pueden permanecer sin energía eléctrica muchas horas consecutivas, lo cual se vuelve una odisea para poder elaborar los alimentos, cargar los equipos y soportar el sofocante calor de este verano.
Marleny Pérez Sánchez, una vecina de esa comunidad, hace siete días que no ve la luz, debido a una rotura de gran magnitud en el transformador del barrio donde reside. Este jueves la encontramos en la solinera creada por el Proyecto de Desarrollo Local (PDL) Gomate, mientras cocinaba en dos ollas el menú del día, para poder alimentar a su familia, compuesta por 12 miembros, entre los que se incluyen seis niños.
«Imagínese qué hubiera sido de nosotros si no fuera por esta instalación, en la cual nos facilitan elaborar la comida, además de recargar los ventiladores y celulares», explica la atribulada mujer, quien tiene palabras de elogio para Julio Ernesto Gomate Morales, director del PDL, creador de la primera solinera emplazada en Villa Clara, y el equipo que lo acompaña.
«Si le soy sincera, le digo que yo no tenía vida cada vez que me quitaban la corriente. Al calor y la desesperación que provocan los apagones y los mosquitos, súmele que debía empezar a encender el carbón para poder cocinar los alimentos, proceso que, además de demorado, es costoso, porque un saco me cuesta 2 000 o 3 000 pesos, dinero que no siempre puedo desembolsar», explica.
Ahora Marleny tiene adónde acudir para resolver una parte de sus problemas cotidianos, y, como ella, son muchos los vecinos de este reparto que a diario llegan a ese sitio a recargar sus equipos o a cocinar la comida del día, lo cual es un proceso que resulta gratuito, explica Diosvany Gutiérrez Pérez, el encargado de ejecutar y controlar la actividad.
«Aquí vienen a diario entre 50 y 100 personas, unos a cargar celulares, ventiladores, lámparas o a cocinar, a quienes no se les cobra ni un centavo. Otros llegan a recargar su motorina, ecoflow o triciclo, a quienes sí se les exige un pago, bastante módico por cierto», explica Diosvany.
Marlen Azcón Pérez, otra de las beneficiadas por esa solinera, muestra su gratitud: «Esto ha sido una bendición para la comunidad. Usted sabe lo que es no tener la humareda que provoca encender el carbón dentro de mi casa ubicada en un edificio, además de poder llegar del trabajo y cocinar varios platos a la vez, gracias a esta estación de carga. Vaya, esto no tiene precio», nos dice.
Otro de los agradecidos es Jesús Rodríguez Lobaina, quien tras un largo viaje hacia Sancti Spíritus, procedente de La Habana en un carro eléctrico, estuvo a punto de quedarse sin carga a la altura del kilómetro 259, situación que pudo evitar gracias a la existencia en la autopista, en un sitio cercano a Santa Clara, de la solinera Solguara, la que puede proveer de carga lenta o rápida a los vehículos que lo demanden.
«Creo que debían existir muchas instalaciones como estas a lo largo de una vía de tanta importancia. El número de carros eléctricos se ha incrementado en el país, y solineras como esta constituyen un estímulo para tener este tipo de vehículos», expresa el chofer.
SIN CREATIVIDAD NO ES POSIBLE ENFRENTAR EL ASEDIO
Entre las muchas maneras que existen de enfrentar el bloqueo y las recrudecidas medidas de asfixia económica que impone el Gobierno estadounidense, está el fomento de las energías renovables, porque, como solemos decir los cubanos, el sol no se puede bloquear.
Una de las muestras más palpables de la decisión de desafiar esa política es la creación de las solineras y estaciones de carga, mediante las cuales la población puede solventar, en parte, la carencia de energía eléctrica, debido al déficit de combustible, las constantes averías y otros elementos conocidos.
Sobre el tema, Alfredo Alejandro Leiva Céspedes, jefe del Grupo de Normalización y Evaluación Energética en la Onure Villa Clara, explicó que hasta la fecha en el territorio han sido creadas 50 estaciones de ese tipo, incluyendo aquellas donde también pueden cargarse vehículos.
«Del total, 34 se ubican en la cabecera de la provincia, por ser donde vive el mayor número de personas y también donde se concentra la cantidad más grande de mipyme, trabajadores por cuenta propia y proyectos de desarrollo local, que protagonizan muchos de los proyectos que tan buen impacto han tenido en la población», destaca el funcionario.
En perspectivas, según Alfredo, se encuentran 15 nuevos proyectos, en fase de ejecución, con lo cual la provincia llegará a los 65 establecimientos de este tipo, que para nada serán los últimos, porque existe mucha voluntad de sumar nuevos actores a esta iniciativa.
Para tener una idea del valor de esta actividad, baste decir que a diario más de 5 000 familias villaclareñas se benefician de la carga de diferentes equipos, lo cual constituye un alivio para las personas necesitadas de cocinar, comunicarse, moverse hacia algún destino o atenuar con ventiladores recargables el calor en las noches.
Esta idea, que ya cobra vida en la mayor parte del territorio nacional, surgió gracias al apoyo de las autoridades villaclareñas, que, en coordinación con las formas de gestión no estatales, fomentaron la importación de paneles solares, inversores y baterías que permitieron la ejecución de esas solineras y estaciones para uso colectivo, detalla el directivo de la Onure.
De acuerdo con su explicación, se ha tratado de que la mayoría de esas instalaciones se construyan en comunidades con un alto grado de afectación eléctrica, a fin de que su beneficio sea mayor y puedan favorecerse muchas más personas.
En consonancia con las transformaciones económicas y sociales en el sector energético, fomentar la instalación de solineras es una prioridad del trabajo de entidades estatales y formas de gestión no estatal.
A la habilitación de solineras y estaciones de carga en barrios y comunidades se ha unido la instalación de paneles solares en instituciones que son altas consumidoras de electricidad, y de luminarias fotovoltaicas en los principales parques y avenidas de poblados y ciudades, destacó Leiva Céspedes.
No es esta la solución mágica a todos los problemas que se derivan de un cerco energético que califica como genocidio, afectando la economía nacional y la vida de millones de personas a lo largo y ancho de esta isla. Sin embargo, experiencias como las descritas aquí, muestran que es posible mejorar la calidad de vida de las personas cuando se unen voluntad política y actores económicos dispuestos a poner en marcha nuevos proyectos.
