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En la montaña también se recuerda a Fidel
Fotos: Yeinier Pérez Escobar.

En la montaña también se recuerda a Fidel

Manuel Eduardo Jiménez Mendoza

Jueves, 13 Agosto 2026 07:05

Desde el Plan Turquino Bamburanao, en el Consejo Popular Buenavista, de Remedios, niños, jóvenes y adultos se reunieron para celebrar una jornada dedicada al centenario del Comandante en Jefe, una fecha que, en el vuelo de los papalotes, encontró una manera sencilla y hermosa de acercar su memoria a las nuevas generaciones.

La Peña Infantil del Proyecto Sociocultural Buenaventura tuvo como principal atractivo una competencia de papalotes en la que los pequeños fueron protagonistas. Cada uno, con su creación en las manos, miró hacia el cielo mientras el viento hacía elevarse los colores sobre las comunidades del Plan Turquino.

Más que una competencia, fue una forma de recordar a Fidel desde el juego, desde la imaginación y desde ese vínculo con la infancia que acompañó buena parte de su obra y de su pensamiento.

La actividad reunió no solo a los niños. Familias, jóvenes y adultos de la comunidad se incorporaron a la jornada, compartieron con los pequeños y participaron de un espacio donde la cultura sirvió como punto de encuentro entre generaciones.

En las comunidades de la montaña, hablar de Fidel tiene además una dimensión particular. El Plan Turquino nació precisamente con la voluntad de transformar las condiciones de vida de quienes habitan estos territorios, acercando servicios, educación, salud, desarrollo y oportunidades a poblaciones históricamente vinculadas a zonas de difícil acceso.

Por eso, conmemorar su centenario desde aquí adquiere un significado especial. No se trata únicamente de recordar una figura histórica, sino de hacerlo desde los propios espacios comunitarios que forman parte de aquella concepción de desarrollo de la montaña.

En la montaña también se recuerda a Fidel

Y Buenavista lo hizo a su manera: con niños jugando, familias reunidas y papalotes buscando altura.

La Peña Infantil del Proyecto Sociocultural Buenaventura permitió, además, cumplir un propósito que va más allá de esta celebración: llevar el arte y la literatura hasta los asentamientos del Plan Turquino y generar espacios permanentes para la formación artístico-cultural de sus habitantes.

El homenaje, entonces, tuvo rostro de niño.

Mientras los papalotes subían impulsados por el viento de la montaña, abajo permanecían las voces de quienes los sostenían desde tierra. Una imagen sencilla para una jornada que quiso decir algo esencial: las nuevas generaciones también pueden acercarse a la historia desde la alegría, la creación y la cultura.

En el cielo de Buenavista volaron los papalotes. Y en la memoria de sus habitantes, siempre, el recuerdo de Fidel.