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El trigo y la semilla del entusiasmo

El trigo y la semilla del entusiasmo

Jesús Álvarez López

Domingo, 22 Febrero 2026 09:23

El trigo llegó a florecer precisamente en la región central de Cuba traído por los conquistadores españoles, hasta que un día la caña y el tabaco se impusieron y se prefirió importar la harina de Castilla. 

En plena segunda guerra mundial volvió a florecer y a languidecer su siembra en nuestro país. El logro de variedades del cereal adaptables a nuestro clima ha sido el resultado del empecinado empeño de muchos científicos, pero generalizar su siembra sigue siendo una asignatura pendiente.

La hermosa hectárea que hoy crece en Guantánamo, para multiplicar semilla y poder sembrar cincuenta, con el empuje personal de su entusiasta Primer Secretario del Partido, me motiva nuevamente a tratar el tema como hice en mis inicios en el periodismo en los años 80 del siglo pasado, cuando me impregnó su entusiasmo la investigadora Rosa Filipia del INIVIT, quien trató entonces de fomentar el cultivo del cereal.

Es fruto de una cooperación con nuestra Universidad del proyecto guantanamero, no solo de trigo sino también de otros cultivos como el garbanzo y el chícharo. En Villa Clara, nuestros científicos se encargan de hacer ciencia constituida pero muchas veces, en materia de generalización cedemos la vanguardia, por diversas razones, aunque nadie discute que la soberanía alimentaria solo es posible alcanzarla produciendo a gran escala. Producir reclama además de tierra e insumos, voluntad y entusiasmo.   

¿Se pudiera replicar en Villa Clara la experiencia guantanamera en la producción de trigo? Creo incluso que a mayor escala, porque tenemos a los científicos más cerca y excelentes productores de cultivos varios en cada municipio. Y está bien escaso el pan de cada día, el de los humildes que no pueden pagar el caro.

En nuestra provincia se han probado muchas veces las potencialidades de nuestra agricultura, pero pongamos apenas un ejemplo. A mediados de la primera década de este siglo se conformó un programa para la siembra y producción de piña en Villa Clara. Aquellos productores, muy motivados, colaboraban entre ellos, se apoyaban con la semilla, se mostraban sus secretos. Recuerdo el entusiasmo, entre otros, de Monguín, en Corralillo, y Leonel Riverol Espinosa, en la sabana de Camajuaní.

El programa se chequeaba sistemáticamente y nuestra provincia llegó a superar a Ciego de Ávila en la producción de la llamada reina de las frutas. Hoy el precio de una piña hace llorar, para no hablar del chícharo, el garbanzo, o la harina de trigo. Todo es posible lograrlo, pero para eso hay que cuidar como la niña de los ojos para que germine y se generalice, la semilla del entusiasmo.