En menos de tres años, el servicio de cirugía oncológica del hospital Celestino Hernández Robau, en Villa Clara, ha rescatado intervenciones de alta complejidad que parecían condenadas al olvido. Para hacerlas posibles, ha conformado siete equipos multidisciplinarios unidos por un mismo pulso: salvar vidas y hacer brotar, incluso en medio de la angustia, la semilla tenaz de la esperanza. Este establecimiento, de referencia provincial y nacional, recibe hoy pacientes de numerosas provincias del centro y el oriente del país, un flujo constante que se traduce en aproximadamente 60 y 70 intervenciones semanales al interior de sus quirófanos.
El despertar de un servicio que no distingue barreras geográficas
Michael Cruz García, especialista en cirugía general y miembro de la Sociedad de Oncología de Villa Clara, había dirigido el servicio de cirugía oncológica hasta 2013, antes de partir hacia una misión en Venezuela. Una década después, al retomar el mando, trajo consigo una determinación firme: «Reincorporamos procedimientos como la cirugía torácica, que durante años no se practicaba en esta institución, así como la cirugía de tumores esofágicos, pulmonares, las intervenciones urológicas, como la cistectomía radical ―método diseñado para extirpar la vejiga― y la prostática, la cual puede tener una alta eficiencia en la prevención del cáncer asociado a esta parte del cuerpo», explicó.
El doctor precisó, además,i que el colectivo realiza operaciones oncológicas y no oncológicas, según la situación clínica del individuo, ya que puede presentar otros padecimientos ajenos al cáncer que también deben ser tratados. «Siempre he defendido la idea de mantener todas estas intervenciones por dos razones—comentó—: en primer lugar, para no perder la práctica quirúrgica y, en segundo, para que los pacientes de esta institución no tengan que acudir a otro lugar para tratar dicha patología adicional, sino que puedan hacerlo directamente aquí».
Esa determinación de no escatimar en cuidados —sea cual sea la dolencia y el origen del enfermo— ha traspasado las barreras del área de salud. A su vez, tal empeño ha tejido una red de confianza que atrae cada vez a más personas de distintas provincias, quienes ponen su salud en manos del personal médico de la institución sanitaria.
En lo que respecta al protocolo de ingreso de estos pacientes foráneos, Cruz García precisó que muchos arriban al centro motivados por el rumor de un conocido o porque conocen que la institución presta sus servicios sin hacer distingo alguno de fronteras geográficas. Ello se traduce en un flujo constante que el colectivo canaliza, según detalló, a través de diversas rutas: «Hay quienes acuden directamente a la consulta de cirugía, y quienes llegan ya con un diagnóstico previo y son conducidos a las consultas multidisciplinarias. En estas últimas intervienen varios equipos —oncólogos, radioterapeutas o el propio cirujano— en función de la patología presentada. Estos individuos a menudo traen consigo su resumen de historia clínica, por lo que se revisan dichos documentos, se les realiza la consulta anestésica y se programa la intervención quirúrgica. A partir de ese momento, quedan al amparo de la institución, que les brindará el seguimiento adecuado, sin importar el lugar donde resida».
La ruta del tórax y el esófago
Hace apenas tres años, el «Celestino Hernández Robau» puso fin a más de dos décadas sin realizar cirugías de tórax, gracias a la creación de un sector especializado. Recientemente, la institución fue escenario de un hito histórico para esta práctica en Villa Clara: por primera vez, un colectivo médico ejecutó con éxito la toma de biopsia de un tumor de mediastino mediante la técnica Uniportal VATS. Este procedimiento mínimamente invasivo permite acceder a la cavidad torácica a través de una sola incisión de apenas cinco centímetros, por la cual se introduce una videocámara que guía toda la operación.
La operación fue liderada por Joel Ramos Rodríguez, especialista de primer grado en cirugía general, torácica y oncológica. Además, se realizó en articulación con el Cardiocentro Ernesto Guevara de la Serna, de Santa Clara, en un gesto de cooperación interinstitucional que amplía las posibilidades diagnósticas y terapéuticas para los pacientes oncológicos.

La beneficiaria, Nayelis Torres—una joven matancera de 23 años—, depositó su confianza en un equipo que supo combinar el talento con las enseñanzas de referentes médicos como los doctores en ciencias Rodolfo Morales y Diego González Rivas —este último, de origen español y creador de la técnica—, y el médico argentino Mario Bustos. A este éxito profesional se suma un anhelo compartido: que el hospital oncológico villaclareño cuente muy pronto con el equipamiento necesario para ofrecer de forma sistemática estas cirugías de mínimo acceso, en las que la precisión, el menor dolor posoperatorio y la pronta recuperación se convierten en aliados fundamentales en la lucha contra el cáncer.
El impacto de tal intervención no solo radica en haber salvado una vida, sino que constituye también una técnica realmente novedosa, dadas las limitaciones que presenta el centro médico. «Realizamos todas las intervenciones torácicas de forma convencional, no mínimamente invasiva, porque somos el único establecimiento médico en Santa Clara que carece de torres de mínimo acceso. Sin embargo, eso no nos impide operar a todos aquellos que presenten afecciones de la pared torácica, del mediastino, de la pleura y de los pulmones», recalcó Ramos Rodríguez.
A su vez, la institución médica se ha consolidado como un referente quirúrgico en el manejo del cáncer de esófago, con resultados clínicos favorables que avalan su experiencia. Además, actualmente, solo este hospital realiza procedimientos asociados a esta patología.
De acuerdo con Ramos Rodríguez, durante el 2026 se han practicado cuatro intervenciones a pacientes con dicho diagnóstico, y todos ellos se encuentran ya en sus hogares: se alimentan por vía oral, están libres del tumor y reciben, por indicación del servicio de oncología, el tratamiento complementario correspondiente. No obstante, el experto advirtió que estos procesos quirúrgicos pueden alcanzar un elevado grado de complejidad, pues en determinados casos se requieren múltiples abordajes para garantizar una operación exitosa.
«Hay cirugías en las que, durante un mismo acto operatorio, debemos abrir el tórax, el abdomen y practicar también una incisión en el cuello. Es decir, realizamos toracotomía, laparotomía y cervicotomía: incisiones de gran tamaño que permiten extirpar el tumor y emplear segmentos del tubo digestivo. Con frecuencia utilizamos el estómago del propio paciente para crear un conducto gástrico. Una vez retirado el problema, ascendemos ese segmento —habitualmente por detrás del corazón, entre los pulmones— hasta el cuello, donde lo unimos al esófago cervical sano. De este modo, el enfermo puede volver a alimentarse por la boca», detalló.
En cuanto a la evolución de los individuos sometidos a este proceso, el doctor afirmó que ha sido favorable a lo largo de los años, con una mortalidad casi nula asociada a la práctica clínica. Precisó, además, que la tasa de supervivencia a cinco años se sitúa en niveles notablemente superiores a las cifras reportadas a nivel internacional, pese a la alta complejidad que entraña operar a pacientes con la afección aludida.
Los pilares de la oncología en Villa Clara
Las fortalezas del servicio de cirugía oncológica se sustentan en varios pilares complementarios, entre los que destaca su arquitectura organizativa. Así lo subrayó Cruz García al precisar que el colectivo no se trata de un bloque monolítico, sino de siete grupos básicos de trabajo (GBT), integrados por profesionales sumamente calificados y preparados para los desafíos más complejos. En cuanto a su distribución, explicó que cuentan con un grupo especializado en mama; un GBT de ginecología, un equipo de cabeza y cuello, otro de urología y un colectivo centrado en los tumores periféricos. —lesiones que aparecen en los brazos, la pared torácica, la piel o los miembros inferiores, entre otras localizaciones—, que es actualmente el más numeroso. Existe, además, un GBT de coloproctología, compuesto por dos especialistas en la rama y un cirujano general.
Por último, se encuentra el séptimo grupo, que Cruz denomina «el GBT mixto», y del cual forma parte, junto a Raúl Ramírez Álvarez —cirujano general, especialista de segundo grado en cirugía— y a otros dos profesionales. «Lo llamo así porque somos los que operamos tórax y tiroides, y también asumimos todas las operaciones complicadas: estómago, suprarrenales, y si algún otro grupo está demasiado recargado, también podemos encargarnos de intervenciones ginecológicas o de colon». Según detalló, dicho grupo desempeña una función de apoyo clave: cuando una intervención, sin importar de qué GBT provenga, se vuelve especialmente difícil, brinda su respaldo por ser el colectivo de mayor experiencia.
El verdadero logro, insistió, no radica únicamente en la distribución de tareas, sino en la integración constante de los GBT en las intervenciones quirúrgicas. Esa filosofía de cooperación busca, en palabras de Cruz García, «brindar una mejor recuperación del paciente y una mayor calidad del proceso operatorio».
Ahora bien, la excelencia de la unidad de cirugía oncológica no descansa únicamente en la pericia compartida dentro de los salones. Entre sus principales virtudes están el sentido de pertenencia y el compromiso de sus profesionales. «Contamos con un equipo integral que trata a los enfermos con la mayor humanidad posible. Muchos de ellos llegan después de haber atravesado quimioterapias, radioterapias y múltiples sufrimientos; por eso el apoyo psicológico resulta fundamental para que se sientan relajados y afronten en mejores condiciones tanto el tratamiento médico como el quirúrgico; factores que determinan en buena medida su evolución», afirmó Yuleidy Fernández Rodríguez, especialista de primer y segundo grado en Anestesiología y Reanimación.
El directivo del servicio de cirugía oncológica corroboró tal filosofía del cuidado: «El paciente es un templo sagrado —sentenció—. Hay que tratarlo como quisiéramos ser tratados. Somos conscientes de que las personas que atendemos son seres humanos golpeados no solo por una enfermedad, sino por toda una serie de secuelas psicológicas y sociales derivadas de ella. Muchos suelen llegar deprimidos y en algunas ocasiones tienen una edad avanzada, por lo que debemos operar con empatía para evitar profundizar su dolor».
A tales componentes se suma la compenetración entre todos los profesionales de la unidad quirúrgica. De acuerdo con Ramos Rodríguez, el centro médico goza de un ambiente laboral muy favorable, donde la buena relación entre los profesionales fluye naturalmente y fortalece el trabajo diario. Dicha sinergia fue ratificada por Cruz García con una imagen elocuente: «Los cirujanos y los anestesistas somos como un matrimonio. El cirujano no opera solo; los anestesistas nos permiten realizar la intervención y el apoyo del personal de enfermería resulta fundamental. Ellos necesitan de nosotros y nosotros de ellos. Eso se ha logrado con respeto, con disciplina y con amor».
Formación y nivel científico: una escala en constante perfeccionamiento
Ese mismo espíritu de entrega que palpita en las salas de cirugía encuentra un correlato natural en la vocación docente y en la formación continua de sus profesionales. Porque la excelencia, de acuerdo con Ramírez Álvarez, no se sostiene solo con bisturí y anestesia: exige, además, un músculo académico en constante crecimiento. «En este momento contamos con una escalera docente que se ha incrementado. Tenemos varios instructores, profesores asistentes y algunos profesores auxiliares, lo que ha elevado gradualmente el nivel científico de la institución», añadió.
A juicio del cirujano, la consolidación académica también se ha visto reflejada en dos hitos recientes. Por un lado, se instituyó un tribunal de categorización docente, concebido para que los profesionales interesados puedan ascender de categoría mediante un proceso formal y riguroso que comprende exámenes y publicaciones científicas. De manera paralela, se creó un comité académico de cirugía, cuya misión es ordenar toda la estructura formativa de los alumnos, dígase definir los contenidos a impartir, establecer la metodología de preparación y regular los mecanismos de evaluación. Ambos instrumentos dotan a la institución de un andamiaje sólido para seguir elevando la calidad docente y asistencial.
De igual modo, el hospital ha establecido un semillero de formación donde conviven residentes que se encaminan hacia la especialidad de Cirugía Oncológica. El doctor comentó que en la actualidad cuentan con cuatro residentes —tres de segundo año y uno de primero— bajo un plan de cuatro años diseñado para garantizar una preparación escalonada y completa. Los especialistas desarrollan una base quirúrgica amplia que incluye tanto procedimientos oncológicos como intervenciones generales, al tiempo que se forman en oncología clínica sin perder el vínculo con la actividad operatoria: participan en guardias de cirugía y en los quirófanos, integrando así el manejo clínico y el quirúrgico desde una perspectiva continua.
Cuando el amor y la solidaridad vencen la escasez
A pesar de los constantes esfuerzos de su personal, la institución no escapa a las limitaciones que afectan al sector de la Salud. Sin embargo, cuando los recursos faltan y los procesos amenazan con detenerse, emerge una fuerza silenciosa que no figura en ningún inventario: la voluntad compartida de tender la mano a los más necesitados. De acuerdo con Cruz García, basta con que se mencione que un dispositivo averiado se encuentra en Electromedicina para que alguien se ofrezca como voluntario o recomiende a un amigo que posea un medio de transporte y esté dispuesto a ayudar.
Esa misma corriente de empatía se manifiesta en pacientes que, en lugar de ignorar el sufrimiento ajeno, deciden convertirse en colaboradores activos. Según el directivo, una de ellas donará voluntariamente casetes de inclusión, insumos que resultan indispensables para efectuar las biopsias. Otra, por su parte, entregó insumos para Anatomía Patológica, sector del cual depende el servicio de Cirugía, ya que son los encargados de analizar los tejidos y emitir el diagnóstico definitivo.
Tal espíritu se extiende a los emprendedores del sector privado, que han hecho suyo el propósito de la institución. El cirujano explicó que varios administradores de mipymes contribuyeron con la pintura del salón, la donación de dos aires acondicionados y gran parte del sistema de iluminación que hoy hace posible las jornadas de trabajo. Detalló, asimismo, que actualmente se lleva a cabo un nuevo proyecto para subsanar las necesidades de reparación y embellecimiento de los espacios.
No obstante, la solidaridad ha llegado al país incluso desde otras fronteras. Según explicó el directivo, una donación procedente de Canadá —casi 40 cajas de insumos médicos que contenían bránulas, bisturíes, sueros y jeringuillas— permitió que el Departamento de Cirugía se mantuviera activo mientras otras instituciones estaban paralizadas por falta de recursos. Además de sostener la práctica quirúrgica, ese gesto evitó que las familias tuvieran que acudir al mercado informal, donde los productos alcanzan el sobreprecio que imponen la urgencia y el miedo.
Cada una de estas acciones revela un humanismo que no espera reconocimiento. Es la materialización de la bondad, que decide actuar en favor de quienes más lo necesitan, elevando con un pequeño gesto la esperanza de vida de muchos. En tiempos difíciles, la solidaridad no solo remedia carencias materiales: restituye lo más esencial, que es la certeza de no estar solos.
El hospital Celestino Hernández Robau se distingue, más allá del éxito de sus intervenciones quirúrgicas, por una manera profundamente humana de entender la medicina. En cada consulta multidisciplinaria, en cada anestesista que calma el miedo antes de ingresar al quirófano, en cada cirujano que explica con paciencia lo que se avecina, late el mismo compromiso: devolvele al paciente no solo la salud, sino también la dignidad y la confianza. Esa vocación inquebrantable ha transformado el centro en algo más grande: lo ha convertido en un hogar donde la ciencia y la ternura se abrazan cada día.
