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El Raúl que yo conocí

El Raúl que yo conocí

Jesús Álvarez López

Lunes, 25 May 2026 19:38

Su extensa trayectoria militar y la firmeza de su voz crean la imagen de un Raúl de hierro. Y yo diría que es más duro que el acero a la hora de defender sus convicciones.

Pero su familia, sus amigos, quien ha tenido la dicha de tratarlo, sabe que hay en su pecho un corazón tierno y bondadoso, que lejos de temer la discrepancia la alimenta, como método eficaz para llegar a la verdad. 

Jamás olvido su comprensión y paciencia para escuchar mis polémicos puntos de vista sobre el papel del Partido, la prensa, y también sobre la emulación del 26 de julio, durante los 35 minutos que duró el intenso diálogo con el segundo jefe de la Revolución, el 5 de noviembre de 1999, durante una Asamblea Provincial del Partido a la que asistí como delegado y él presidía.

Cumplí posteriormente su pedido de escribirle una carta donde ampliara mis criterios sobre el último tema y la vida dio pruebas de que fueron atendidos. 

Recuerdo la acotación jocosa entonces, desde la presidencia, del Comandante Almeida: «Raúl te dijo escríbeme, no, escribe, que tú eres periodista». Solo una revolución de los humildes hacía posible aquel diálogo fraterno de un militante de filas con grandes héroes de la última gesta libertaria. 

En julio del 2001 tuve el privilegio de hablar en la tribuna abierta de Manicaragua que él presidió, y me alejo de la modestia falsa para reconocer que sentí orgullo al comentarme Díaz Canel al otro día lo que Raúl le había expresado: «lo que más me gustó es que todos los que hablaron son de Manicaragua, hasta Jesús que nació en estas lomas».

Aunque la última vez que vi a Raúl de cerca fue cuando acompañó al entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa en su visita a Villa Clara, meses antes había sido para mí el momento de mayor impacto, al intervenir por última vez en nuestro parlamento como diputado, en junio del 2007.

Entre otros temas, expuse la necesidad de entregar las tierras ociosas en usufructo para cualquier fin productivo y al concluir mis palabras el compañero Raúl preguntó si alguien tenía algo que decir.

El silencio fue absoluto, concluyó la sesión y no niego que regresé inquieto a Villa Clara. Pero días después durante la Asamblea Solemne de Santa Clara, por el 30 aniversario del Poder Popular, el Comandante Víctor Bordón borró de mi mente la inquietud al comentarme que Raúl le había expresado su identificación con mis palabras.

Ese es el Raúl que yo conocí, firme pero generoso, modesto como su segundo nombre, que sabe escuchar a todos, como se escucha a un hijo, aunque sea díscolo o travieso, consciente de que todo lo que sea expuesto con honestidad, lejos de perturbar, enriquece.