«¿De verdad me vas a traer los muñequitos a la casa?», le preguntó un niño a Lisbán Mederos Pozo cuando se disponía a instalar en su patio un módulo de paneles fotovoltaicos. Lisbán dirige la UEB de Fuentes Renovables de Energía (FRE) Villa Clara que, desde hace dos años, se ocupa de montar y mantener equipos de generación eléctrica a partir de la luz solar en viviendas aisladas, a las cuales no han llegado las redes de distribución.
«No podemos pensar en 30 ni 40 casas, porque son cinco o seis, incluso, dos, muy distantes entre ellas y separadas hasta diez kilómetros de la última comunidad electrificada. En ocasiones se trata de una sola vivienda, y en el 90 % de los casos tenemos que dejar la camioneta en el camino y usar otro medio de transporte para zonas de difícil acceso. Al país le resultaría muy costoso invertir en postes, acometidas, transformadores para llevar a cada punto la energía del Sistema Eléctrico Nacional (SEN)», detalló.
Primero, fueron beneficiadas 201 familias, con paneles fotovoltaicos de 300 W y, tras el paso del huracán Irma, el proyecto internacional Resiliencia Energética para comunidades aisladas incorporó otros 161 módulos de 2 kW. La mayoría de los usuarios son productores agropecuarios, arraigados a su origen, comprometidos con la producción de alimentos y que merecen mejores condiciones de vida.
Las 362 instalaciones, distribuidas en todos los municipios, garantizan el servicio a 891 personas, entre ellas 97 menores de edad, 330 mujeres, 290 personas adultas mayores y 14 en situación de discapacidad. Asimismo, han sido protegidos cuatro menores cuyos padecimientos demandan el funcionamiento permanente de equipos vitales, y se les instaló esta tecnología como respaldo en caso de averías o apagones en las zonas donde residen.
La potencia total es de 432 MW al año que, si bien se consumen en las propias viviendas, porque no hay un excedente para entregar al SEN, tampoco dependen de la generación fósil. El ahorro por concepto de combustible asciende a 108 000 dólares anuales.
Como resultado del impacto que ha generado en la población campesina, deseosa de mantenerse en la tierra que cultiva, para el 2024 la UEB prevé la instalación de otros 84 sistemas, muchos de ellos solicitados por productores que emigraron hacia zonas urbanas y ahora desean regresar a sus fincas, motivados por la posibilidad de contar con electricidad.
Otro de los proyectos para este año lleva por nombre Municipio sostenible, se desarrollará en Remedios, y consiste en instalar paneles fotovoltaicos para mantener la vitalidad de producciones y servicios básicos con fuentes renovables de energía, ante eventos meteorológicos o de otra índole que provoquen una interrupción.
La voluntad no es inmune a los elevados costos del equipamiento, sobre todo, en un país con serias limitaciones financieras. Para las dos brigadas, de tres trabajadores cada una, constituye un desafío visitar los 362 enclaves con frecuencia trimestral, darles mantenimientos, realizar mediciones técnicas y predecir averías. Actualmente, 130 familias de las beneficiadas en la primera etapa necesitan una reposición de baterías, para asegurar la potencia del servicio eléctrico en el horario nocturno. Asimismo, Mederos Pozo aspira a sustituir los módulos de 300 W por otros de 2 kW, los cuales soportarían equipos electrodomésticos de mayor consumo.
Sobre el uso de esta y otras FRE en Villa Clara, los parques y emplazamientos de mayor envergadura, la participación del sector productivo y los incentivos para importaciones e inversiones asociadas a fuentes de generación amigables con el medio ambiente y con el desarrollo sostenible al que aspiramos, comentaremos en el próximo Prisma Económico.
