Fidel Castro era un combustible cósmico, fue insustituible en la creación del Centro de Bioactivos Químicos y para, de esa manera, hacer realidad los sueños de un equipo de científicos de la Universidad Central de fundar una entidad dedicada a la producción de medicamentos para seres humanos, animales y plantas, a partir de ingredientes activos, entre ellos el G-1, derivados del surfural obtenido de la caña de azúcar.
El Doctor Nilo Castañedo Cancio, fundador del CBQ y su director por más de dos décadas, aún recuerda como los pasajes más importantes de su vida aquellos encuentros con el líder de la Revolución Cubana, quien apoyó la idea con esa perspectiva de futuro que jamás abandonó al Comandante en Jefe.

«En este proyecto, jugó un papel importante el Doctor Gustavo Sierra, ya fallecido, entonces Subdirector del Instituto Finlay, fue así como el 6 de noviembre de 1990 nos reunimos con él y con la Doctora Concepción Campa, que era directora de esa institución, ellos nos manifestaron todo el apoyo, y nos aseguraron que le entregarían este proyecto al Comandante, teníamos estudios in vitro en animales, recuerdo que en ese momento Conchita dijo: ¡qué contento se va a poner el Comandante, porque él está dirigiendo todos los estudios sobre los derivados de la caña de azúcar!».
Desde 1981 la Universidad Central había creado el grupo Gabifú, (Grupo de Aplicación de Bioactivos Furánicos), con impactos ya notables en la obtención de productos farmacéuticos con potencialidades para su introducción y generalización, a fin de solucionar problemáticas de la salud vegetal, animal y humana.

Fue entonces cuando el 4 de diciembre de 1990 se autorizó por Fidel, la creación del CBQ, como colofón de estas importantes investigaciones.
Nilo recuerda el antecedente, cuando, desde la casa de altos estudios lo llamaron para convocarlo a un encuentro que duró cuatro horas y que hoy cataloga de histórico.
«El 3 de diciembre estaba yo en un examen, al día siguiente era el décimo aniversario del Gabifú, me llaman y me informan que debía comunicarme con la oficina del Comandante, cuando realizo la llamada desde la oficina de la decana, me solicitan presentarme en la capital con mi equipo al día siguiente, yo fui con todas las pancartas y con una maleta llena de medicamentos, nos llevan primero a la oficina de Wilfredo Torres, jefe del Grupo de apoyo; al final del pasillo en la puerta estaba aquella “mole” esperándonos, era impresionante, nos dio la mano a todos», nos comenta.

Más adelante rememora el experto: «las cuatro horas que estuvimos yo no me senté, le dije Comandante, déjeme presentarle al equipo, saco una pancarta y le digo, estos son los grupos del equipo, y me dice ¡Ya viene a llenarme de pancartas la pared! Y le digo disculpe que no le guste, pero yo tengo que presentarle de todas maneras a quienes estamos laborando en este proyecto, le expliqué y le presenté a cada jefe del grupo, cuando hablábamos de cada tema, él miraba al jefe del grupo, qué precisión, qué retentiva, qué claridad!».
Fue una reunión donde Fidel hizo muchas preguntas y Nilo explicó detalle por detalle los resultados de estas investigaciones preliminares, de trascendencia para el país.
Y nos precisa: «Yo no comencé por orden cronológico, empecé hablando de la coccidia, de otras enfermedades, de algunos impactos que habíamos logrado, por ejemplo unos toros sementales con pseudomonas que tratamos y se curaron, me preguntó mucho hasta que se dio cuenta que había resultados, me dijo ¿y qué le puede representar esto al país? Yo no tenía esos datos, solo un encuentro preliminar con MediCuba, donde habíamos determinamos algunos precios. Él me dice ¿cuánto cuesta el surfural?, le dije que no sabía y me dice ¿por qué vienes a pedirme una planta de producción sin saber precios?, le expliqué que intenté buscar información y no la había encontrado, y entonces insiste ¿por qué escogiste la producción del central Amancio Rodríguez y no lo importas? y le dije ¿cómo voy a proponerle una estrategia de una industria farmacéutica a partir de los desechos de la caña de azúcar y le voy a pedir exportar esa materia prima?, realmente al final hubo que exportar el surfural, me demostró que él tenía todos los hilos y todo el conocimiento sobre el tema».

Lograr la construcción de una planta para cerrar el ciclo investigación-producción fue uno de los objetivos que defendió el entonces joven Doctor Nilo Castañedo en aquella reunión con Fidel y la alta dirección del país donde hubo debates, discusiones y acuerdos imprescindibles para el nacimiento de un centro que hoy sigue cultivando prestigio nacional e internacional.
Nilo Castañedo tiene las imágenes de aquella reunión muy bien guardadas, como un verdadero tesoro en su vida. De aquellas horas recuerda «entonces empezó la parte más difícil, cogió una libretica y me dice ¿qué te hace falta? Tuve que explicarle con muchos argumentos todo lo que necesitábamos para cada uno de los talleres, le dije ahora falta lo más caro, un laboratorio de control de la calidad, sumó a cuánto ascendía aquella inversión, eran 300 mil dólares, finalmente me aseguró: “Tienes 300 mil dólares en el banco a tu disposición, tienes que ser muy ahorrativo».
Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, Dr. en Ciencias Químicas, Profesor de Mérito y Consultante de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, poseedor de 80 patentes, diputado en un período a la Asamblea Nacional del Poder Popular el Doctor Castañedo Cancio rememora aquel día en que Fidel recorrió en la Universidad Central dos centros que surgían en pleno periodo especial como semillas del Polo científico: el Centro de Bioactivos Químicos y el Instituto de Biotecnología de las Plantas. Incluso, continuó después su recorrido de aquel día para el Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales, en Santo Domingo.
Otro momento de sus encuentros con Fidel resultó aquella visita a la planta del CBQ.
Castañedo Cancio nos cuenta «En abril del año 1991 en el décimo aniversario del Gabifú, estaba trabajando en el informe, me llaman y me dicen que fuera urgente para la planta, a Fidel le gustó aquello, hizo muchas preguntas, me pregunta entonces por el IBP y también fuimos para allá».
En el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en Santiago de Cuba, fueron 29 minutos de diálogo entre Fidel y Nilo. El científico entregó fotos de lo que se había logrado hasta el momento y un frasco con el producto G-1, hecho de manera experimental en la planta del CBQ. El joven científico y su equipo ya transitaban por el camino de cristalizar sus sueños y anhelos.
De aquel evento, el director fundador del CBQ nos comenta «el IV Congreso fue el Congreso de la ciencia, allí expliqué lo que habíamos logrado, entregué fotos de los ensayos clínicos, hablé de las perspectivas, él mira a todos y dice, un año, una fábrica, hubo señales que nos sirvieron de apoyo para esa tarea».
Si hoy existe el CBQ es porque Fidel, el científico mayor, avizoró desde entonces, los impactos de un centro que prometía grandes impactos para el país en la rama biofarmacéutica.
Por eso Nilo Castañedo nos asegura: «cuando pensamos porqué el CBQ se mantuvo con vida, puedo asegurar que fue por el apoyo del Doctor Gustavo Sierra, que le demostró al Comandante la importancia de lo que hacíamos, y por supuesto, la visión de futuro de Fidel, esos momentos fueron inolvidables, constituyó una parte importante de mi vida, andábamos en bicicleta, pasábamos muchas necesidades, pero éramos felices, porque cumplimos con Fidel»
Así Fidel fue insustituible, el combustible cósmico que abrió las puertas del futuro para la creación del Centro de Bioactivos Químicos.
