Ni siquiera el entorno económico punzante ni las lluvias, pudieron impedirlo esta vez y un triciclo eléctrico nos llevó hasta su alejada finca que muestra la diversidad de sus cultivos y desde la que da el ejemplo como productor.
La insólita reunión se convierte en una tertulia improvisada, sin presidencia ni reglas, en la que todos tienen voz, lo mismo excuadros renombrados de la ANAP que presidentes de cooperativas y productores. No hay la menor jactancia en las palabras de nadie.
Alli estaban Bernardino Lima y Alberto Cárdenas, quienes condujeron los destinos de la organización campesina en Villa Clara en tiempos de menos restricciones, pero gran voluntad, consagración y disciplina.
Numerosas anécdotas hablan de la insigne vida de los hombres de campo que aún jubilados siguen aportando. Tal es el caso de Jose Ramón Martín, expresidente de la CPA Ovidio Rivero, quien no olvida el acompañamiento crítico perenne de Lázaro Expósito Canto, pero tampoco el reconocimiento público que le hizo una vez por la fuerza con que defendía sus criterios y la economía de su cooperativa, porque como gusta decir, los campesinos no piden perfume, sino insumos para trabajar, producir más.
Y solo escuchándolo sabes cómo Pedro Cabrera, casi no vive protegiendo su ganado de los malechores allí en su finca de La Pulga, para poder cumplir sus planes y disfrutar con su familia del derecho ganado a consumir la carne de sus toros.
Una pasión los une a todos, el agradecimiento infinito al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien cumplió su gran promesa del juicio del Moncada apenas triunfó, el 17 de mayo de 1959, y entregó las tierras a quienes sudaban sobre ellas para engrosar las cuentas de los latifundistas y seguir siendo pobres.
Quién puede dudarlo, en los campesinos tiene la patria pivotes de quiebrahacha.
