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De Villa Clara a la medalla de plata en Dominicana
Fotos: cortesía de la entrevistada.

De Villa Clara a la medalla de plata en Dominicana

Y. Crecencio Galañena León / ACN

Martes, 11 Agosto 2026 10:51

Entre los pasillos del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Ernesto Che Guevara de Villa Clara, Litzady Nicolau Expósito encontró un universo donde la Biología dejó de ser una asignatura y se convirtió en una obsesión ordenada.

A sus 18 años, ya no solo entiende la estructura de los seres vivos, sino que ha logrado demostrar que su nombre también está hecho de una materia igualmente compleja: el talento.

De Villa Clara a la medalla de plata en Dominicana

Desde el municipio de Ranchuelo, esta estudiante que acaba de graduarse de duodécimo grado y obtener la carrera de Licenciatura en Biología en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), ha construido una trayectoria que incluye una medalla de plata en la 8.ª Olimpiada Centroamericana de Biología (2025), celebrada en República Dominicana, y la certeza de que la curiosidad bien guiada es una forma de resistencia.

Su acercamiento a la ciencia no fue un accidente. Litzady recuerda a su profesora de primaria, Teresa, y a la directora del proyecto medioambiental en el que participó, Miriam Felicia, como las primeras personas que vieron en ella una chispa que debía cuidarse.

De Villa Clara a la medalla de plata en Dominicana

“Desde chiquita siempre mi familia y mis profesores en general dijeron que tenía potencial y siempre me estuvieron apoyando emocionalmente para que yo estudiara lo que me gustaba”, confesó a la Agencia Cubana de Noticias con la naturalidad de quien ha crecido rodeada de certezas.

Con el tiempo, esa vocación se fue perfeccionando. En la secundaria, la profesora Judy Ley fue clave para que decidiera entrar al mundo de los concursos de conocimientos en noveno grado. 

“Desde la primaria sabía que me gustaba la biología, entender la fisiología, la estructura de lo que nos rodea, porque creo que es bastante impresionante como todo encaja y funciona casi a la perfección”, explica.

Su paso por el IPVCE, que inició en noveno grado y culminó con la graduación en julio de 2026, fue decisivo para su formación como científica. 

“Encarna esa institución una experiencia muy hermosa, sobre todo el Centro de Entrenamiento para Concursos (CEC), por los profesores, por la directora y por los amigos que uno hace”, dice y reconoce que encontrarse con personas con intereses similares le permitió construir amistades sanas donde todos se ayudan y comparten metas parecidas.

En el CEC, Litzady recibió una preparación intensiva que le permitió profundizar en Biología sin descuidar el resto de las asignaturas. Aunque reconoce que el sistema cubano de atención al talento funciona en muchas dimensiones, señala que sería ideal contar con más prácticas de laboratorio y una distribución del tiempo que no concentre tanto los concursos provinciales y nacionales en fechas tan cercanas.

Fue en República Dominicana, durante la Olimpiada Centroamericana de Biología, donde Litzady vivió su experiencia más impactante como estudiante de ciencias. Allí no solo obtuvo la medalla de plata, sino que pudo comparar su formación con la de jóvenes de otras naciones. 

“En la mayoría de los países el proceso de selección resulta bastante parecido, pero ellos tienen más acceso a útiles de laboratorio y a prácticas, y también dan clases con mayor profundidad desde etapas más tempranas”, valora.

Sin embargo, el viaje no fue solo académico: también fue un espacio para conocer otras culturas, compartir la cubana, y confirmar que el talento de los estudiantes de Villa Clara compite en igualdad de condiciones con el de cualquier otra parte del mundo, aun con menos recursos. 

“Estoy muy orgullosa de haber llegado hasta ahí, de poder haber representado a Cuba en otro país, sobre todo por el esfuerzo que hay que hacer para lograrlo”, dice.

En sus planes inmediatos está estudiar Biología en la UCLV, aunque no descarta la posibilidad de una beca en el extranjero más adelante para especializarse. 

“Aún no sé en qué rama de la biología me especializaré, por eso quiero estudiar primero la carrera general”, aclara, con la misma honestidad con la que enfrenta los exámenes de laboratorio.

Paralelamente, Litzady ha emprendido un proyecto personal que refleja otra faceta de su talento. Desde su perfil de Instagram, promociona para la venta las artesanías que hace con foamy y limpiapipas; un emprendimiento que, según confiesa con timidez, le exige vencer el miedo escénico que también la acompaña en las entrevistas. 

“Subir esos videos es tan difícil como hacer la entrevista”, confiesa, aunque en el aula, quienes la conocen, la describen como una estudiante desinhibida, espontánea y sincera.

Para ella el camino aún es largo, y aunque ya ha probado la miel de la medalla, tiene claro que la biología le seguirá regalando preguntas. 

La suya constituye una historia de esfuerzo, acompañamiento y pasión: la de una joven que se fue a la biblioteca, como le sugirió su profesor de Lengua y Literatura un día para que priorizara lo más importante, y de allí nunca volvió a salir.