Esta vez, los jóvenes voluntarios han puesto su energía y su cariño en dos escuelas de la ciudad: la primaria Fernando Cuesta Piloto y la secundaria Capitán Roberto Rodríguez. Allí, los niños y adolescentes han encontrado en los talleres un espacio para soñar, con manualidades que nacen de la imaginación, juegos de participación, títeres y máscaras que cobran vida y se roban las sonrisas de los más pequeños.

Pero la mano amiga de Alkaria va más allá de las actividades recreativas. La representación del proyecto tiene previsto hacer entrega de insumos médicos, implementos deportivos y material escolar a disímíles centros e instituciones asistenciales de la provincia.
Y lo más hermoso de este gesto de solidaridad llega en un momento difícil, cuando los cubanos enfrentamos el genocida cerco petrolero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo de la mayor de las Antillas.

Sin embargo, ahí están ellos, extendiendo su mano sin pedir nada a cambio, demostrando que el cariño y la hermandad pueden más que cualquier obstáculo. Así lo asegura la joven brigadista Roser Riera Arias, quien decidió regresar este verano con Alkaria a la isla.
