Amor en tiempos difíciles. Así puedo titular este reportaje que habla de agradecimientos, de sonrisas, y de bálsamos en medio de la tempestad.
Cerca de 200 trabajadores del sector educacional en Villa Clara han sido beneficiados con la instalación de sistemas fotovoltaicos portátiles en sus hogares, una medida del Estado cubano ante el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra la isla y el cerco petrolero que impone esa nación a nuestro país y el desabastecimiento energético, con las consiguientes y dolorosas afectaciones del servicio eléctrico que tanto dañan a la población y a toda la sociedad.
De esa manera se reconoce a los más destacados en dos sectores imprescindibles aún en los tiempos más duros: la educación y la salud.

Belkis Aimée Fernández Mederos, educadora del Círculo Infantil “Hermanos Díaz”, con 38 años de experiencia, es una de las trabajadoras beneficiadas con la instalación de un sistema fotovoltaico de 800 vatios en su casa, en la calle 14, Edificio 2-A entre 3ra y 7ma, Reparto Escambray, de Santa Clara.
Belkis vive con la sencillez de las almas nobles y la sentencia martiana de que «las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí, porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien».
Su amor, la razón de su vida se centra en el trabajo con niñas y niños de la tercera infancia a quienes ha dedicado su vida.
Belkis ostenta la Distinción por la Educación Cubana y ha recibido la evaluación de Muy Bien por su desempeño, es la tutora de las alumnas de cuarto año de la Escuela Pedagógica, atiende el Círculo de Interés de esa rama y ayuda a captar a las nuevas generaciones, a quienes despierta la vocación para esa especialidad difícil y bella. Méritos que la enaltecen ante sus compañeras y compañeros de labor.
Por eso agradece al Gobierno cubano y a su colectivo de referencia que la escogió entre tantos trabajadores con virtudes, también más que suficientes para merecer este beneficio.
«Estoy muy contenta, hoy cuando se va la corriente, puedo encender luces y ver televisión, es una solución en medio de tantas dificultades que vivimos, mi esposo es trabajador de la salud, se siente muy agradecido y también mis vecinos están muy satisfechos», nos comenta.
Una alegría inmensa

La máster en ciencias de la Educación María Teresa Hernández Enríquez es la directora del Palacio de Pioneros “José Luis Miranda García”, Licenciada en Matemática, y profesora de la Escuela Secundaria Básica “Fe del Valle Ramos”, donde imparte la materia a alumnos de noveno grado.
Le sorprendió la noticia de que fue la seleccionada entre sus compañeros de trabajo, por sus méritos, para colocar en su hogar en el Edificio 3, Apartamento 8 del Reparto Bengochea de Santa Clara, un sistema fotovoltaico con facilidades de pago a través de un crédito del Banco Popular de Ahorro (BPA) y con el apoyo de los técnicos de Copextel.
Hoy no tiene cómo agradecer al gobierno cubano, vive con su esposo y su madre de 82 años y «ya podemos comer la comida caliente, trabajamos mucho, llegamos muchas veces tarde a la casa y ahora todo es diferente, podemos ver el Noticiero, la novela».

«Mis vecinos están tan contentos como yo. Le pueden calentar la comida a sus familiares adultos mayores, les facilitamos que carguen celulares. Mi mamá ahora puede escuchar la radio que tanto le gusta. Es beneficioso para todos», dice emocionada.
Más adelante explica que es una medida favorable para sectores muy sensibles, y suscribe: «ojalá puedan llegar estos beneficios para otros trabajadores. Se siente una alegría inmensa, de verdad que se funden muchos sentimientos y solo podemos decir: ¡Gracias!».
La vida me ha cambiado

Yoel Rodríguez Perdomo, administrador de cocina en la Escuela Pedagógica “Manuel Ascunce Domenech”, vive en Pasaje Nazareno entre Alemán y Central en Santa Clara.
En su casa ya dispone de un sistema fotovoltaico portátil de 1200 vatios, gracias a las nuevas medidas del gobierno cubano de beneficiar con estos paneles a trabajadores destacados de la salud y educación en primera instancia.
Hoy, cuando se recrudece el bloqueo y el cruel cerco petrolero del Imperio, y la falta de fluido eléctrico impacta a toda la nación por el desabastecimiento de combustible esta decisión es un acto de fe que aplauden todos los cubanos.
Desde hace quince días cuando los técnicos de Copextel instalaron el equipo en su casa, Yoel conecta el equipo si se va la corriente, calienta los alimentos, enciende las luces necesarias, y puede ver el televisor, y hasta “refrescarse” con el ventilador.
«Estoy muy contento y mis vecinos también. Los ayudo incluso, pues les doy corriente en apagones para que carguen celulares, enciendan una luz. Todo es diferente. Gracias a mi colectivo y al Gobierno cubano por esta decisión en tiempos tan duros. En medio de un escenario tan complejo, la vida cambia, puse una luz en el exterior y cuando no hay servicio eléctrico, bajo la iluminación de ese bombillo nos sentamos, conversamos, y hasta reímos y pasamos los momentos más duros como una gran familia».

Yoel tiene reconocimientos, pero prefiere hablar de los méritos de su escuela y su colectivo, y eso lo enaltece.
Por eso hoy es feliz y quiere que en un futuro muchos hombres y mujeres de su sector, de la salud y de otros organismos priorizados, también puedan ser bendecidos con estos equipos.
«Cuando se implementan cosas como estas, la vida se te hace más fácil dentro de los momentos tan duros que estamos viviendo, es un aliciente», asevera.
