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Cuando educar se convierte en el acto más hermoso de una mujer
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Cuando educar se convierte en el acto más hermoso de una mujer (+Audio)

Lianett Hurtado Mateo

Domingo, 08 Marzo 2026 10:42

Con más de medio siglo dedicado a la enseñanza, Elisa Peña Rivero ha hecho de la vocación, la disciplina y el compromiso con la educación el centro de su vida. Su historia refleja el esfuerzo, la superación y el impacto de una maestra que ha marcado a miles de estudiantes.

Hay personas que cuentan los años y hay quienes cuentan las historias que han construido en ellos. A sus setenta años, desde un aula en Encrucijada, Elisa Peña Rivero asegura que su vida ha estado marcada por la vocación, la disciplina y el compromiso con la educación.

Su historia es también la de muchas mujeres que han hecho del trabajo y del conocimiento un camino de crecimiento personal y servicio a la sociedad.

“Yo tengo setenta años, pero he vivido”, afirma con orgullo esta educadora, quien comenzó a dar clases siendo apenas una adolescente.

A los dieciséis años, para cumplir una promesa hecha a su padre, inició su camino frente a un aula obrera en el centro de trabajo de él. “Desde la cama le dije: tú sabes que toda mi vida he querido ser maestra, si voy a cubrirte, sigo”, recuerda.

Con carácter firme y una profunda responsabilidad hacia su profesión, Elisa ha dedicado más de medio siglo a la enseñanza, defendiendo siempre la preparación y la disciplina como pilares del aprendizaje.

Soy poderosa en mi energía y en mi comportamiento. Soy autoritaria, lo sé, pero tengo conocimiento de causa y efecto, teórico y práctico de lo que hago. No me gusta improvisar. Ni al preescolar me paro a darle una clase sin prepararla, comenta.

A lo largo de su trayectoria ha sido profesora de miles de estudiantes, generaciones que hoy la recuerdan con respeto y cariño.

Su historia también está marcada por el esfuerzo personal para superarse. Alcanzó su licenciatura en Educación en la especialidad de Español- Literatura desde su propio puesto de trabajo, una oportunidad que reconoce como decisiva en su formación.

“Me hice licenciada en Educación gracias a la Revolución. Mis padres no podían darme esa posibilidad, ellos no tenían para eso”, afirma.

Durante más de dos décadas también asumió responsabilidades en la vida política y social del municipio: fue delegada de circunscripción, presidenta del Consejo Popular y secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas en Encrucijada, funciones que desempeñó sin abandonar nunca su vocación de maestra.

Pero su historia no estaría completa sin la maternidad, una responsabilidad que asumió con la misma entrega que su profesión.

No hay dos tareas más lindas que ser maestra y ser madre. De mi hijo yo soy mitad madre y mitad padre”, cuenta. Recuerda las largas jornadas en las que, después del trabajo, aún quedaban las tareas del hogar y el acompañamiento a su hijo en los estudios.

Hoy, ya jubilada, la profesora Elisa continúa vinculada a la enseñanza. Quienes la conocen hablan de su energía, su pasión por educar y su profundo sentido de justicia.

Setenta años después, su vida no se mide en premios ni reconocimientos, sino en las mujeres que lograron estudiar gracias a su impulso y en los profesionales que todavía la llaman, con cariño, “profe”.