Hoy peinan canas y sus rostros llevan el paso del tiempo, pero sus ojos brillan cuando evocan a su compañero de tantas batallas, el gigante de verde olivo que condujo una Revolución victoriosa, y que les cambió para siempre sus vidas y la mirada del mundo y de esta isla.
Combatientes de la Revolución Cubana en Santa Clara protagonizaron un encuentro para evocar al Comandante en Jefe en su Centenario.
El Primer Capitán de la columna número 1 del Ejército Rebelde, Julio López Granado tenía apenas 12 años cuando en la Sierra Maestra se convirtió en práctico de Fidel, junto a él subió lomas y combatió, y también frustró la traición de otro guía: Eutimio Guerra.
«Yo conocí a Fidel el 17 de enero de 1957, en un lugar conocido por La Plata; cuando atacaron ese cuartel, ya en retirada, Fidel había mandado a Eutimio Guerra a avisarle a Celia Sánchez en Manzanillo del éxito en el primer combate, entonces se quedó sin práctico, pide un guía y mi papá me manda a mí, sin camisa, con un short hecho de saco de harina, lo llevé a otro sitio conocido como Llanos del Infierno, donde se hizo una emboscada, ya cumplida mi tarea me dijo que regresara, y yo le dije que me quedaba con ellos, me dieron una ropa verde olivo», recuerda Julio.
Más adelante rememora: «se dice que viene un periodista a entrevistarlo (Herbert Matthews), bajamos a la finca de Epifanio Díaz donde iba el reportero, como se conoce, Eutimio Guerra estaba preparado para asesinar a Fidel, venía con una pistola y dos granadas, hasta durmió junto a Fidel, pues compartieron la misma manta por el frío, cuando Eutimio regresa ya Fidel sabía que era traidor, y mandan a detenerlo, se sientan frente a frente, y Eutimio se pone chiquitico, y dice yo quiero que me fusilen, fue ajusticiado».
Con la emoción a flor de piel, este “guajiro” de la Sierra, asegura que «Fidel fue mi padre, me sacó del infierno donde yo vivía, yo era un analfabeto, él me cambió la vida y la de mi país, yo lo veo como símbolo, todo lo que yo tengo en la vida se lo debo a Fidel, me gané su confianza, imagínate que fui con él a Naciones Unidas, un guajiro de la Sierra, íbamos a dormir en el Parque Central en Manhattan, me ponía las manos en el hombro y decía gracias a este niño estoy vivo, yo converso con Fidel cada vez que me desvelo, para mí no ha muerto, cuando venía a Santa Clara siempre me buscaba, trato de ser mejor todos los días, por él».
En el diálogo recordaron las visitas de Fidel, su presencia en la Plaza del Che, sus recorridos por industrias, fábricas, comunidades, cuando siempre compartía con el pueblo.
José Enrique Broche Domínguez, internacionalista, trabajó en el ministerio de la Construcción, y ejecutó obras en toda la región central. Procede de una familia revolucionaria y lleva a Fidel en su corazón.
«Me crié en el seno de una familia de revolucionarios, desde la Revolución del 30 la familia Bonilla fue muy revolucionaria, por eso a la Revolución la defiendo hasta con los dientes, porque sé lo que se vivió en este país antes de 1959. El hombre más grande es Fidel Castro, por su humanismo, para él no había clases sociales, fui premiado por él cuando la etapa de la Batalla de Ideas en la Escuela de Trabajadores Sociales, pues fui cuadro destacado del MICONS en esas misiones, y eso me enorgullece; hoy tenemos que ser más combatientes que ayer, lo considero mi padre, mi guía», afirma.

Armando Machado Gómez tuvo la oportunidad de recibir muchas veces al Comandante después del triunfo revolucionario cuando venía al centro de Cuba, en sus recorridos por el país.
Hoy reafirma que «no hay persona más humana que Fidel, es el padre de los cubanos, la Revolución se mantiene por esta generación que Fidel ha formado, es el padre de todos los cubanos, los jóvenes deben seguir su ejemplo y su legado».
Luis Manuel Artiles Hernández fue oficial de la Seguridad del Estado y cumplió tareas de protección al líder de la Revolución Cubana, de ese tiempo tan trascendental para su vida, asevera que «nuestro Comandante tenía una actitud ejemplar en su trayectoria, fue un maestro, un ejemplo a seguir, su vida fue una brújula a seguir».
Fidel resume el pensamiento de tres grandes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez, expresaron los allí presentes.
Miguel Ángel Gómez Veitía, Teniente Coronel de la reserva, al frente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Santa Clara, afirma que hoy más que nunca, hay que mantener vivo el legado de Fidel.
«Para los más de 7 mil combatientes que integramos las filas de la organización en este municipio cabecera de la provincia, la figura del Comandante en Jefe está presente, admiramos la unidad de pensamiento y acción que él llevaba dentro; cuando decimos ¡Yo soy Fidel!, es que lo vemos como guía; hoy, cuando vivimos tiempos difíciles, y la patria está amenazada hay que salvaguardar sus enseñanzas. Fidel no sólo fue de Cuba, él luchó por la unidad latinoamericana y de los pueblos del mundo, y esa unidad no se puede quebrar, él y Martí fueron los precursores de la unidad latinoamericana. Fidel fue un profeta», culmina.
