En la Casa de Abuelos 1 de Santa Clara (seminterno), las voces de quienes allí comparten dibujan un panorama donde el afecto y la atención cotidiana se vuelven pilares fundamentales.
Los abuelos entrevistados coinciden en que el cuidado no constituye solo una tarea de salud, sino un gesto de amor que sostiene la vida y dignifica cada día.
El papel de la familia emerge como un tema recurrente en sus testimonios. Para ellos, sentirse acompañados, escuchados y valorados por sus seres queridos marca la diferencia entre una vejez plena y una solitaria.
La familia, dicen, es el primer refugio y el motor que impulsa a seguir adelante, incluso cuando el cuerpo ya no responde como antes. En ese sentido, el cuidado trasciende lo material y se convierte en presencia, paciencia y ternura.
Pero los abuelos también hablan de sí mismos y de la importancia de no rendirse. Hacer ejercicios, mantener una rutina activa y aprovechar cada instante de la vejez son consejos que repiten con convicción.
En la Casa de Abuelos 1 de Santa Clara, se demuestra que envejecer no es sinónimo de detenerse, sino de encontrar nuevas formas de disfrutar, aprender y compartir.
La vejez, aseguran, es una etapa para vivirla con dignidad, con movimiento y con la certeza de que aún queda mucho por hacer y por sentir.
