En correspondencia con estos planes se ha proyectado un cronograma de trabajo a mediano y largo plazo, con el objetivo de rehabilitar la infraestructura y crear capacidades que permitan asumir la creciente demanda del aeródromo, incluyendo las operaciones de carga aérea. Para saber un poco más acerca de estas proyecciones, un equipo de Desafío visitó recientemente el aeropuerto. Veamos qué nos cuenta:
El programa de desarrollo del aeropuerto abarca un periodo de entre 4 y 5 años, en el cual se han establecido metas que se alinean con los objetivos propios de la provincia y los del ministerio de Transporte. Una de las metas es la de sustituir cerca de 26 losas en la plataforma.

Para asegurar la operatividad continua de la pista, se está implementando un sistema de alimentación eléctrica ininterrumpida para la iluminación, que es vital para la seguridad operacional de las aeronaves. Hoy, la instalación de este sistema se encuentra al 50% de su ejecución, y se espera que se complete en lo que resta del primer semestre del año con el montaje de los bancos de baterías que permitirán el respaldo inmediato en caso de corte eléctrico. Este sistema es crucial ya que, sería una vía adicional y más eficiente a la del grupo electrógeno del aeropuerto, que constituye la vía de respaldo hoy.
Otra meta significativa es la ampliación de las capacidades para el manejo de carga aérea, objetivo para el que se trabaja en estrecha relación con la unidad de Aerovaradero S.A. de la provincia. En el año anterior, el aeropuerto manejó más de 2000 toneladas de carga, con un promedio de 43 toneladas semanales, y se busca superar aún más esta capacidad. Para ello, este año se ha iniciado la primera etapa de un proyecto que consta de cuatro fases, con la cual se han mejorado los flujos de carga para optimizar el tiempo de gestión. Además, se planea la entrega de una parcela de 30 x 70 metros para la construcción de una nueva nave que permitirá replicar la estación de carga actual.
Por otra parte, se ha planteado la construcción de una nueva base de combustible, que comenzará a materializarse este año y que, según las proyecciones, debe estar lista para operar en un periodo de entre dos y tres años. Esta nueva infraestructura será esencial para gestionar mayores volúmenes de combustible, especialmente con la incorporación de los vuelos europeos.
En el contexto ambiental, se ha programado la instalación de una nueva planta de tratamiento de residuos sólidos y líquidos, que permitirá un manejo más eficaz y seguro de los desechos generados por la terminal y las aeronaves, frente a las capacidades limitadas de la planta que hoy opera. Esta planta contribuirá a la protección del medioambiente y a la calidad del agua tratada, alineándose con las metas de sostenibilidad del aeropuerto.

Además de las mejoras en infraestructura y servicios, el Aeropuerto Internacional Abel Santamaría también se compromete con la responsabilidad social. Se ha iniciado un proyecto de rehabilitación de la escuela primaria rural Calixto García -que ya dio como fruto la construcción de un aula, pero que también incluirá cambio de cubiertas, arreglo de los baños y otras iniciativas- y se realizan donaciones al Hogar No. 13 de Niños sin Amparo Familiar, donde, además, se le dio a dos de sus adolescentes la oportunidad de llevar a cabo prácticas laborales en el aeródromo.
El aeropuerto de Santa Clara, como se le conoce popularmente, se encuentra en un proceso de transformación que no solo busca mejorar su infraestructura y servicios, sino también contribuir al desarrollo económico y social de la región. Con la incorporación de nuevos destinos y el desarrollo de las capacidades operativas, se espera que el aeropuerto se afiance aún más como un punto clave para el turismo y el comercio en el centro de Cuba, destacándose en el panorama internacional y ofreciendo una experiencia de calidad a los viajeros.
