Este evento no solo marca el comienzo de una intensa temporada de cosecha, sino que también simboliza el latido de la economía local y de la provincia.
Por estos días, el batey del central “Quintín Bandera” de Corralillo, normalmente tranquilo, volverá a cobrar una vida diferente. Se llenará de un bullicio contagioso que irradia esperanza y trabajo.
La zafra es un momento clave en el ciclo agroindustrial que transforma la rutina de los habitantes del batey. Los hombres y mujeres se preparan para enfrentar largas jornadas de trabajo bajo el sol, con el aliado y, a veces, enemigo del clima, que determina el éxito de la cosecha. El ruido de cosechadoras, tractores, camiones y el pito del central se aliñará con la risa de trabajadores que resuena en el aire, creando un ambiente de esfuerzos y unidad.

La zafra que en breve iniciará promete ser particularmente más difícil que la anterior, tras tiempos marcados por las carencias de recursos.
En medio de ese escenario le corresponde a la organización sindical de conjunto con los directivos jugar un papel fundamental, para cumplir este encargo vital para la economía y la sociedad.
Así, cuando se escuche el pitazo que marcará el inicio del dulce zafarrancho, la zafra no solo simbolizará el comienzo de una temporada de trabajo; representará también la perseverancia y la esperanza de un colectivo laboral que se niega a rendirse.
Cuando comience el corte de las primeras plantaciones en la empresa agroindustrial azucarera “Quintín Bandera”, también se cosechará el sueño de hombres y mujeres empeñados en brindar su decisivo aporte, mientras en el batey, la alegría será palpable, y la zafra convertida en una celebración de vida y comunidad.
