Era un reencuentro con la juventud, con la ilusión y con la inmensa gratitud hacia los profesores que los acompañaron en ese camino de aprendizaje y crecimiento. Sus palabras fueron un testimonio de la influencia de la Escuela Militar, un espacio que no solo formó militares, sino que sembró valores y principios que perdurarán en el tiempo.
Ellos, unidos para toda la vida, reafirmaron su fidelidad a la Patria y a la Revolución. Los principios martianos, tan profundos en sus corazones, guiaron sus pasos y alimentaron su compromiso con el bien común.
Fueron momentos de recuerdos y reflexiones, de compartir anécdotas y sentimientos. La alegría se mezclaba con la nostalgia, pero el espíritu de los Camilitos perduró, firme e inquebrantable.
La generación 1981-1984 ha demostrado que la formación recibida en la Escuela Militar fue un pilar fundamental en sus vidas. Son un ejemplo de que la fidelidad a la Patria y a los principios revolucionarios trascienden el tiempo y las circunstancias.
Que este reencuentro sea un nuevo comienzo, una reafirmación de su compromiso con Cuba y un homenaje a la Escuela Militar de Sueños, un semillero de nuevas generaciones de revolucionarios.
