Este 8 de junio nuestro país y las personas de bien del mundo recuerdan una de las páginas inscritas ya en la historia de nuestro país y en las tensas relaciones Cuba-Estados Unidos.
Justamente en esa fecha comenzó el juicio, calificado de amañado, injusto y parcial, a cinco cubanos, luchadores antiterroristas, quienes, en la década de los 90 del pasado siglo se habían infiltrado en los grupos de la mafia cubano-americana de Miami.
La misión era denunciar e impedir los planes de odio y muerte de inocentes en nuestro país, como sabotajes a lugares públicos, entre ellos, plazas, centros laborales y estudiantiles, además de la colocación de bombas en hoteles, una práctica que causó la muerte del joven turista italiano Fabio Di Celmo en el Hotel Copacabana.

Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino, Fernando González y René González, hijos de su generación, arriesgaron incluso sus vidas, para proteger las de hijas e hijos de su pueblo.
Graduados en el Instituto de Relaciones Internacionales, en el caso de Gerardo y Fernando, Tony, como ingeniero, Ramón como economista y René, como piloto, ellos decidieron renunciar a muchas cosas, incluso, la lejanía de sus seres queridos, amigos y compañeros, por una causa mayor, su patria.
Luego de ser detenidos el 12 de septiembre de 1998, los sometieron a promesas, chantajes, presiones de todo tipo, pero los Cinco no claudicaron, no traicionaron a su país.
En un mensaje al pueblo de Cuba, se declararon inocentes y advertían como una premonición: “Nuestras familias comprenden el alcance de las ideas que nos han guiado y sentirán orgullo por esta entrega a la humanidad en la lucha contra el terrorismo y por la independencia de Cuba”.
En un acto cruel, violando la Sexta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, el juicio se dilató, los mantuvieron en confinamiento durante meses en celda de castigo, y luego fueron juzgados en Miami, ciudad donde era imposible un juicio parcial.
Se presentaron 26 cargos, dos de ellos graves, pues implicaban cadenas perpetuas por conspiración para cometer asesinato y conspiración para cometer espionaje. Contra Gerardo, particularmente, la sentencia fue indignante: dos cadenas perpetuas más quince años. Los condenaban a morir en vida. Jamás se pudo comprobar uno solo de los cargos.
En sus alegatos, la dignidad de un pueblo en sus voces:
René expresaba: “Seguiremos apelando a esos valores y a la vocación por la verdad del pueblo norteamericano con toda la paciencia, la fe y el coraje que nos puede infundir el crimen de ser dignos”.
Mientras, Fernando aseveraba: “Todo hombre que se respeta a sí mismo, se debe antes que nada a su Patria. En los años de presidio me acompañará siempre la dignidad que he aprendido de mi pueblo y su historia”.
Gerardo, por su parte, advertía: “Confío en que si no es este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los deseos de venganza y se comprenderá que no hemos hecho ningún daño a este país que merezca semejante condena, pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi patria”.
Tony hablaba con los sentimientos de un poeta como un canto a la esperanza: “Llegará el día que ya no vivamos en la zozobra del temor y la muerte, y en ese día de la historia, se verá la justicia real de nuestra causa”.
Ramón Labañino era rotundo: “¡Si por evitar la muerte de seres humanos inocentes, si por defender a nuestros dos países del terrorismo, y evitar una invasión inútil a Cuba es por lo que se me condena, hoy, pues bienvenida sea! ¡Llevaré el uniforme de recluso con el mismo honor y orgullo con que un soldado lleva sus más preciadas insignias!”.
Fidel Castro ante el pueblo aseveró que los cinco volverían, y así fue; luego de una larga ola solidaria que creció desde la isla hasta el mundo, los cinco, declarados Héroes de la República de Cuba, regresaron para recibir el abrazo cálido de su gente, de sus amigos, de quienes batallaron durante años para su regreso.

