Los féretros, cubiertos con la bandera nacional, avanzaron en formación, escoltados por una guardia de honor. Un silencio solemne, solo interrumpido por las notas marciales y el murmullo contenido del duelo colectivo, envolvía el acto. Cada gesto, cada paso y cada mirada reflejaban el peso de una pérdida que trasciende lo individual para inscribirse en la memoria de la nación.
Presidida por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, tuvo lugar la ceremonia de inhumación de los cuatro combatientes que residían en La Habana, caídos en la hermana República Bolivariana de Venezuela, tras un artero ataque militar.

Tras la última descarga de la salva de honor, que resonó como un eco del deber cumplido, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, junto a los ministros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior, se acercó a rendir el último adiós frente a las bóvedas. Fue una despedida cargada de solemnidad y respeto.
Seguidamente, con una dignidad que transformaba el dolor en serena fortaleza, los familiares ingresaron al panteón. Allí, en la penumbra de la tarde y el recogimiento, donde la gloria de los héroes se edifica para siempre, les fue entregado el último consuelo de la patria.



