Los especialistas arribaron a la patria de Bolívar y Chávez apenas cinco días después de los sismos, en un momento crítico donde las réplicas superaban la veintena y los escombros ocultaban aún a cientos de personas con vida. Su misión, además de técnica, fue profundamente humana: rescatar, asistir y llevar consuelo a un pueblo que enfrentaba una de las peores tragedias naturales de su historia reciente, con terremotos que alcanzaron magnitudes de 7.2 y 7.5 grados.
Uno de los momentos más emotivos del acto fue cuando el jefe de operqciones de la misión, el teniente coronel Rubén Eduardo Pupo Fuentes, tomó la palabra para recordar que esta brigada no solo cumplió con su deber, sino que lo hizo llevando en el pecho el recuerdo imborrable de sus hermanos caídos el pasado 3 de enero, durante el ataque imperialista contra Venezuela.
Al término de la ceremonia en el Palacio de la Revolución, el presidente Díaz-Canel se tomó un tiempo para intercambiar con los condecorados. Los rescatistas, aún con la emoción cercana, compartieron con el mandatario las anécdotas más duras y también las más gratificantes de su misión. Esa cercanía selló una jornada que reafirma, una vez más, el compromiso inquebrantable del internacionalismo cubano con los pueblos que más lo necesitan.

Estuvieron presentes en el acto de condecoraciones el Ministro del Interior y el viceministro primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, generales de Cuerpo de Ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas y Roberto Legrá Sotolongo, ambos miembros del Buró Político; así como el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Oscar Pérez Oliva-Fraga.




