Firmamos porque Girón nos enseñó que los principios no se negocian. Porque un pueblo unido, consciente y organizado no se arrodilla ante ninguna amenaza. Esa lección la llevamos en la sangre, en la palabra, en cada espacio donde la vida se construye y crece
Firmamos porque la paz es un derecho humano irrenunciable. Porque sin paz no hay futuro para nuestros hijos e hijas, no hay seguridad para nuestras comunidades, no hay horizonte para la nación.
Firmamos porque la unidad revolucionaria también se sostiene en nosotras. En nuestra capacidad de resistir, de crear, de acompañar, de sostener procesos colectivos aun en medio de las dificultades.
Firmamos porque enfrentamos cada día los efectos del bloqueo. Un bloqueo que intenta quebrantar hogares, desgastar la vida cotidiana, sembrar desesperanza. Y aun así respondemos con creatividad, con solidaridad, con la firmeza que nace de nuestras convicciones.
Firmamos porque somos memoria viva. Porque sabemos que la continuidad de un proyecto justo depende de que las nuevas generaciones comprendan el valor de la resistencia, la justicia social y la soberanía.
Firmamos porque nuestra solidaridad no tiene fronteras. Porque defendemos la paz no solo para Cuba, sino para todos los pueblos que luchan por su derecho a ser soberanos e independientes.
Firmamos porque nuestro testimonio cotidiano también es un acto de verdad y compromiso.
Y firmamos, porque esta isla ha demostrado que no sabe rendirse. Porque aprendimos a resistir sin perder nuestra vocación humanista, ni la intransigencia revolucionaria que exigen estos tiempos.
Nuestro compromiso con la Revolución no es retórico ni circunstancial: es una decisión profunda, nacida de la historia, de la entrega de quienes han dado su vida por esta libertad. Hemos sido parte de su construcción y seremos parte de su defensa.
Como Marianas, no aceptamos clemencias ni retrocesos. Como Marianas, sabemos que la libertad se sostiene con coraje. Y como Marianas, estamos dispuestas a defender esta obra colectiva al costo que sea necesario, porque la dignidad de un pueblo no se negocia y porque las mujeres cubanas jamás hemos retrocedido ante la injusticia.
La firmeza y la solidaridad que nos caracteriza acompaña cada victoria. Y como cubanas, en el centenario de Fidel, referente histórico de la nación, seguiremos defendiendo toda la justicia conquistada.
Hoy, aquí, juntas, reafirmamos que la paz y la patria son inseparables de nuestra vida, de nuestra memoria y de nuestra dignidad. Nuestra firma no es un gesto formal: es un acto de conciencia política, un compromiso con la historia y un mensaje al mundo de que Cuba seguirá siendo tierra de resistencia, de unidad y de esperanza.
