La instalación, según precisó el periódico Granma, funciona como hogar de tránsito durante 30 días para menores en situación de riesgo o abandono, con incorporación inmediata a escuelas cercanas y acompañamiento sicoemocional, según explicó Yarima Rivero Rivera, subdirectora del centro.
Desde su apertura han pasado por el lugar 17 infantes y adolescentes, de los cuales seis permanecen actualmente.
El objetivo es brindar un entorno protector y facilitar la reintegración familiar o la adopción, en coordinación con la Comisión de Atención a las Políticas Sociales de cada territorio.

Un grupo multifactorial integrado por Educación, Fiscalía, Salud, Menores y organizaciones comunitarias analiza cada caso y diseña estrategias de reinserción, siempre en función del interés superior del niño, declaró María del Carmen González Risco, subdirectora municipal de Educación.
La rutina diaria incluye desayuno, asistencia a clases, entrega de uniformes y apoyo escolar. El personal del centro asegura que la prioridad es ofrecer un ambiente familiar y afectivo, con seguimiento posterior aun cuando los menores egresan.
Francisca Ibáñez Salgado, trabajadora con diez años de experiencia en hogares, señaló que los primeros días son los más complejos, pero con paciencia y ternura los niños se adaptan y confían en el equipo.
Moraima Rodríguez, encargada de la cocina, afirmó que el cariño es esencial desde el primer momento y destacó la necesidad de abrir más centros de este tipo para atender a menores sin amparo familiar.

La creación de esta modalidad responde a un andamiaje legal que fortalece la protección integral de la infancia y garantiza alternativas de cuidado institucional y familiar, con acompañamiento continuo de especialistas.
Estas disposiciones buscan asegurar que la niñez cubana reciba atención adecuada, en un entorno que permita ofrecer el bienestar y la estabilidad necesaria en cada hogar
de acogida.
